Un testimonio nos ha conmovido profundamente: un sacerdote de habla francesa que estuvo en Medjugorje por primera vez contó que un hombre entró en su confesionario.
Le explicó que se sentía un poco perdido porque estando en Francia y sin causa aparente, experimentó una fuerza que lo impulsaba a ir a Medjugorje. ¡A penas si sabía dónde se encontraba aquel pueblo y menos aún por qué debía ir allí! No pudiendo resistir aquella moción interior, tomó su automóvil y comenzó a andar y andar… Hizo el trayecto sin detenerse en ningún sitio, es decir, manejó más de un día entero para llegar a Medjugorje. Una vez aquí, vio el confesionario y, siempre impulsado por esta fuerza interior, entró, sin saber por qué lo estaba haciendo. El sacerdote lo invitó a que aprovechase la ocasión para confesarse y él aceptó.
No se había confesado desde su infancia. ¡El sacerdote agregó que hizo una larga y buena confesión, maravillado por lo que le estaba ocurriendo!
Estas mociones interiores suelen darse en Medjugorje.
¡Que no se preocupe la gente que llega aquí sin saber exactamente por qué viene: la Gospa sí, por su parte, lo sabe!


