Pepitas de Fe
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"¿Sabes de quién depende tu salvación o tu condenación eterna? ¡Solamente de ti!". S. Juan Bosco. |
Seamos Testigos de Cristo
El hombre de hoy necesita pruebas. Muchos siglos antes de que el ser humano fuese capaz de idear ingenios para grabar la voz y reproducir la imagen; de inventar artilugios científicos que analizan desde los componentes de la sangre al mapa químico de cualquier sustancia; muy anteriormente a la era de la técnica y de la electrónica con sus artificios portentosos para rastrear las huellas por donde el hombre ha pasado en el curso de la historia; mucho antes de todo ello sólo estaba el individuo como testigo de la historia y espectador de la verdad.
El ser humano comenzó a contar su historia frente al calor de un fuego o en las noches de vigilia en las gargantas de las cuevas. Entonces no existían ni las secretarias ni los notarios que diesen fe de los acontecimientos. Entonces Gutenberg no había inventado la imprenta y ni siquiera las tradiciones se transmitían a través de las escrituras en papiros.
Los pueblos iban legando su memoria por medio de las tradiciones orales, y a través de las generaciones, sus conquistas y derrotas, las guerras en que pelearon, los pueblos que sometieron, los imperios que levantaron, fueron sucesos que llegaron hasta los primeros escribas por la exactitud de los testimonios y la solvencia de los testigos. Testigos fueron los apóstoles de Jesús; testigos fueron los discípulos de los apóstoles; testigos de la fe fueron los mártires; testigos de todos ellos somos nosotros, los cristianos.
Jesús no se mezcló entre sabios y poderosos para darse a conocer. No mandó predicar el Evangelio a reyes y emperadores. No confió la Buena Noticia a filósofos y eruditos. No, Él escogió a un puñado de pescadores, labradores, ignorantes, gentes sin instrucción y sin armas, y les infundió el coraje de la fe para que, por medio de la palabra y de las obras, lograran imponerse hasta el mismísimo Imperio Romano.
Los pirmeros cristianos nos revelaron a Cristo, y nosotros les creemos. La mayor prueba de que Jesús nació, murió y resucitó no es otra que el testimonio de sus vidas. Por defender esa fe aceptaron con alegría la tortura y la muerte; se dejaron matar devorados por bestias, apedreados, cruficados, consumidos por el fuego.
Hoy día, los cristianos hemos retrocedido ante el empuje del racionalismo, el materialismo, el ateísmo militante que nos exige que expidamos el certificado de defunción de Aquel que murió en la Cruz. Hoy, como hace dos mil años, es más necesario que nunca dar un paso al frente y encararnos a los leones, la lapidación y la hoguera con los que nos quieren martirzar en este siglo XXI. Hoy, como hace dos mil años, son más necesarias que nunca las voces del testimonio. Dios se manifiesta en los milagros eucarísticos, en los estigmas de los místicos, en las imágenes que lloran y sangran. Se revela en los corazones endurecidos que volvieron a Jesús, en las obras de los misioneros, en las vidas de la gente sencilla, en los múltiples prodigios de la naturaleza, en los mil trajines de cada día.
En esta web encontrarás a celebridades y a cristianos anónimos, reseñas de grandes santos y evocaciones de pequeños hombres; oirás hablar de sucesos inexplicables y de realidades de todos los días; de milagros de curación y de sanaciones espirituales.
Para quienes afirman que Dios ha muerto, nosotros podemos responderles con los millones de testimonios en que cada día Él se deja ver y se nos muestra cercano y amistoso. Jesús está vivo y presente entre nosotros.
Servicio inactivo provisionalmente.

