Dejé mi dolor en Roma
por John Mallon
"Walter Hooper fue amigo y secretario personal del escritor y apologista cristiano C. S. Lewis durante los últimos meses de su vida... Hooper habló conmigo con franca candidez, humildad genuina y encanto" [1]
Hooper me ha dicho que piensa que C.S. Lewis se hubiera convertido en católico si hubiera vivido un tiempo más. "...¿qué otra cosa puede hacer uno aparte de ir al lugar donde la fe todavía es cristiana?" Los años que han pasado desde la conversión de Hooper han sido los cinco años más felices de su vida. Retrasó el momento de su conversión por años por causa de sus amigos. Cuando el momento finalmente llegó, fue recibido en la Iglesia Católica en los Estados Unidos en vez de Inglaterra.: "Hubiera sido una situación muy incómoda para todos si hubiera dejado la Iglesia Anglicana para cruzar la calle y entrar en una Iglesia Católica". Debido a que invierte todo su tiempo en trabajar para la fundación Lewis, Hooper no tiene el tiempo para proseguir sus órdenes religiosas en la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, cuando se retire, si la Iglesia así lo quiere, él está disponible.
Muchos protestantes evangélicos y fundamentalistas que son simpatizantes de Lewis le han dicho a Hooper que no lo consideran ya un cristiano y muchos otros sienten que es una vergüenza que un "no-cristiano" sea el editor de C.S. Lewis.. "Aun si me hubiera vuelto Bautista o algo así, me hubieran considerado cristiano." El padre Gervase Matthew (ministro anglicano) le dijo una vez a Hooper que no le parecía bien que Hooper se convirtiera porque temía esa clase de consecuencias. Hooper reflexiona: "el Papa es odiado por mucha gente, pero al menos es odiado por un buen motivo, su apego a la fe."
"Por muchos años -y esto es algo que pone incómoda a mucha gente- he recibido mucha mala publicidad de diversas fuentes en los Estados Unidos. Es difícil tratar de equilibrar las demandas de tanta gente que gusta de la obra de Lewis y que lo reclaman para sí."
"Cuando uno trabaja en la fundación Lewis, lo que incluye manejar grandes cantidades de dinero, uno tiene que asegurarse que todo lo que se escribe sobre Lewis es publicable..."
Esta publicidad pesaba como una piedra sobre los hombros de Hooper, causándole gran dolor físico y angustia mental. En un momento tuvo la idea de que si podía llegar a tocar al Santo Padre, el dolor se aliviaría. Después de unos años, el Santo Padre, en dos ocasiones, envió un pedido para encontrarse con él en Roma para charlar sobre Lewis. El segundo pedido fue tan fuerte que Hooper viajó a Roma. Por momentos temía comer o beber alguna cosa, por miedo a ser envenenado. En el momento de tocar al Papa, su dolor desapareció y el Papa frunció el ceño, como si le hubieran apuñalado la espalda. De esta manera, el dolor que le causaran estos americanos a Hooper fue transferido al Santo Padre en un intercambio similar al del milagro de la mujer que tocó las vestiduras de Jesús.
Algo similar sucedió cuando Lewis mismo recibió en su propio cuerpo la osteoporosis de su esposa. El Papa entendió lo que había hecho por Hooper. Para Hooper, "conocer al Papa fue casi como conocer a C. S. Lewis y lo que Lewis hubiera llegado a ser como persona si hubiera tenido suficientes años de vida como para llegar a ser católico."
Hooper está trabajando en una guía a la obra de C.S. Lewis, luego espera editar tres grandes volúmenes de cartas de C.S. Lewis. Le preguntamos: ¿Cuántos manuscritos quedan aún sin editar que puedan llegar a ser publicados? La respuesta de Hooper fué: "No hay mucho más material que merezca ser editado, apenas unas cuantas piezas sueltas"
"That Hideous Strength es mi favorito de todos los libros de Lewis." Hoy día, nadie cree en la ley natural. El Arzobispo (anglicano) de Canterbury dijo recientemente que, aún cuando él cree en la resurrección de Cristo, aquellos obispos que no crean también están en lo correcto, tienen su propia integridad, lo que ellos creen es lo que es verdad para ellos mismos, pero si no lo creen entonces no es cierto.
"Debido a esta práctica de crearse su propia verdad, es que, pienso, que estamos viendo el principio del fin o por lo menos de una gran locura general. Es un asunto bastante difícil tratar de luchar por la verdad entre gentes que tienen el derecho a fabricarse su propia verdad."
Notas
[1] Extraído de Crisis. Julio-Agosto de 1994, pp. 35-38

