Mi testimonio
Mi testimonio no es uno acerca de drogas, alcohol, vicios o algo por el estilo. Aunque Dios sí me salvó de todo eso, lo hizo guardándome de caer en ellos. Sin embargo, mi testimonio sí es de salvación. Pues Jesucristo, mi Señor y Salvador me sacó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9), perdonó mis pecados y me hizo nacer de nuevo del agua y del Espíritu (Juan 3:5-6). Y testifico que en Jesucristo mi Señor, el Hijo de Dios unigénito, es en quien únicamente encontramos la salvación “porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en quien podamos ser salvos” (Hech. 4:12) sino el de Jesucristo, quien tiene un nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús “se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre” (Fil. 2:12). Gracias a la misericordia y a la gracia de Dios es que he podido conocer lo poco que Dios me ha querido revelar, por Jesucristo, acerca de su Iglesia, Cuerpo de Cristo, y de sus misterios. Claro que esta revelación no fue en un sueño ni en una visión, sino que he conocido por el oir, pues “la fe viene por el oir, y el oir de la Palabra de Dios” (Ro. 10:17).
A mis hermanos en Cristo Jesús en todo el mundo, quienes buscan, sirven y obedecen a Dios nuestro Padre y a nuestro Señor Jesucristo en el Espíritu Santo, gracia y paz de Dios desciendan sobre ustedes. A ustedes mis hermanos les escribo mi testimonio. En forma especial, aunque no exclusiva, a mis hermanos con los que compartí desde mi niñez hasta mi juventud, a quienes aprecio en el Señor y por quienes ruego incesantemente. Y también, a mis hermanos, a quienes no reconocía como hermanos por mis ignorancias sobre la gracia de Dios y sobre su obra en su Iglesia, y quienes celebran y participan de los sagrados misterios a través de los cuales nos santifica, nos renueva, nos redime, nos fortalece en la fe, nos alimenta, nos sacia, nos salva. En fin, a todo aquel que quiera buscar y seguir a Jesucristo nuestro Señor, esperando que en alguna forma pueda usted recibir una gracia de Dios a través de este humilde testimonio el cual menciona algunos sucesos en mi vida, pero sobre todo, menciono lo que el único Dios verdadero, el creador del universo, de todo lo visible y lo invisible, Padre de nuestro Señor Jesucristo, ha hecho en mi vida.
En Jesucristo nuestro único Salvador,
Su hermano,
Juan Carlos Colón Moya
La instrucción de mis padres
En las Sagradas Escrituras dice “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” 1 Y fue en esa promesa que mis padres se afianzaron, instruyéndome en el camino de Jesucristo. Mis padres, ambos pentecostales, me criaron en la Iglesia de Dios Pentecostal Misión Internacional del barrio Campo Alegre, en Hatillo, Puerto Rico. A mi padre le encantó y le encanta leer y escudriñar las Escrituras, por lo que desde pequeño me instó a creer en Dios y en la Biblia como la Verdad de Dios. Cuando éramos pequeños (mis hermanas y yo) nos enseñó a orar el Padre Nuestro y a ser agradecidos de Dios por todo lo que nos daba. También nos instaba a aprender de la Biblia y a buscar a Dios siempre. Además, me acuerdo que hacíamos cultos2 en mi casa. Mi mamá o alguna de mis hermanas cantaban los cánticos iniciales, yo leía una porción de la Biblia y a mi papá le tocaba la predicación (por cierto, siempre ha sido un excelente predicador... de hecho, uno de mis favoritos, sino el favorito). Me acuerdo de todas estas cosas y me llena de alegría, pues mis padres le creyeron a Dios, y su ejemplo junto a sus palabras me ayudaron a creer en Dios como lo hago hoy. Quiera Dios y todos los padres del mundo le pudieran dar a sus hijos esos ejemplos necesarios para que ellos también puedan buscar a Dios. Padres, si ustedes quieren que sus hijos sigan a Jesucristo, y se parezcan a Jesucristo, la forma más segura es que ustedes mismos se parezcan a Jesucristo y que le demuestren el amor de Jesucristo por ellos. Que sean ustedes los primeros discípulos de Jesucristo para entonces sus hijos puedan ver en ustedes un ejemplo vivo a quien seguir. Pero si lo que ven es un mal ejemplo, o si dicen una cosa y practican otra, sus actos les parecerán más fuertes que sus palabras y terminarán por seguir su ejemplo en vez de sus palabras. Que Dios nos libre que nos ocurra eso y nos ayude a ser “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”.3
Seguí creciendo y como muchos niños, tuve algunas peleas con amigos de la escuela. También en parte porque me pasaba viendo películas de karate y de “ninjas” y muchas otras películas. Tal vez hubo otras razones, pero de todas formas pelee varias veces. Sin embargo, estando en tercer grado, hubo unas palabras que cambiaron mi vida.
¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!
En un culto de niños (servicio religioso en el cual se celebra el culto a Dios en el cual participan niños en la lectura de la Biblia y en los cánticos, y en el cual el sermón es dirigido hacia ellos) estaban dando una enseñanza. Estaban hablando sobre Jesús y sobre todo lo que sufrió por nosotros. Las golpizas, patadas, insultos, etc.; como lo escupieron, como lo humillaron... la corona de espinas, los latigazos, los clavos y la cruz. Tanto y tanto dolor que sufrió nuestro Señor Jesucristo por nosotros. Y él, pudiendo exterminarlos a todos, pues era Dios, NO LES HIZO NADA. LOS PERDONÓ. El dijo “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”4 En ese momento, al escuchar esas palabras, me quedé perplejo. Rápidamente, mi mente de unos 8 años razonó “Si él, que era el Hijo de Dios, que podía destruirlos a todos, no les hizo nada, sino que los perdonó... entonces yo tampoco tengo que pelear, sino perdonar a todos.” Y milagrosamente, de ese momento hasta el día de hoy no volví a pelear. Esas palabras cambiaron mi vida. De ahora en adelante quería ser como Jesús y no pelear más. Quiera Dios y otras personas puedan aprender de un niño de ocho años y dejar de pelear, pues Dios nos llama a amarnos los unos a los otros5. E incluso, a amarnos como él nos amó.6 Más aún, nos manda a “amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, a hacer bien a los que nos aborrecen, y a orar por los que nos ultrajan y nos persiguen.”7 Y sobre todo, recordando que las contiendas8 son obras de la carne y son actitudes de personas que no están siguiendo a Dios sino el otro camino que lleva a la perdición. Por lo que miremos bien nuestras vidas y pidámosle a Dios que nos transforme. Y pongamos todo nuestro esfuerzo para cambiar. Para amar a Dios y amar a nuestros hermanos primero. Porque si no amamos a nuestro hermano a quien vemos, como podemos amar a Dios a quien no vemos9.
“Dijiste una mala palabra. Pero eso no importa, eso le pasa a todo el mundo”
Bueno, mi vida continuó y siempre fui un niño de la iglesia. Me acuerdo que no me gustaba decir malas palabras, porque entendía claramente que Dios esta contra ellas pues nos dice en Mateo 5:22 “Pero yo os digo que el que se enoje contra su hermano será culpable de juicio, y el que le diga necio a su hermano será culpable ante el concilio, y el que le diga fatuo estará expuesto al infierno de fuego”. Dice también en Efesios 4:29 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. En una ocasión comencé a dejarme llevar por la corriente de la escuela y comencé a decir una que otra mala palabra. En una de esas ocasiones una muchacha que iba a la iglesia me escuchó y me dijo “dijiste una mala palabra. Pero eso no importa, eso le pasa a todo el mundo.” Eso me cayó como balde de agua fría; no me gustó para nada. Pues yo sabía que como cristianos tenemos que luchar por seguir y obedecer a Cristo y me dije a mí mismo “no a todo el mundo. Yo soy cristiano y a mí no me va a volver a pasar” e hice la costumbre de seguir hablando bien para dar testimonio de Cristo a todos los que me rodeaban.
A través de mi vida tuve varios amigos. Algunos de ellos no creían en Dios. Otros sí. Y llegué a tomar algunas actitudes negativas, pero cuando volvía a la Biblia y a la iglesia, me daba cuenta que estaba mal y que tenía que arreglar mi vida con Dios. Y por la gracia de Dios así fue.
Mi mamá siempre me discutía
Me acuerdo de mis momentos de adolescente, en los cuales comencé a hablarle mal a mi mamá y no le hacía caso. Yo lo que quería era jugar baloncesto, o Nintendo, o cualquier otra cosa y para mí ella siempre me estaba discutiendo. Un día yo me pregunté el porqué ella me discutía tanto. Y cuando comencé a meditar en ello, me di cuenta que era porque ella estaba trabajando siempre, incluso lavando mi ropa, cocinando de la misma comida que yo comería luego, y siempre viviendo para darnos a la familia lo que necesitábamos, y yo casi nunca hacía nada. Y ¿quién no pelea con semejante situación? ¡Claro que tenía que pelear! Bueno, ocurrió que junto a ese descubrimiento mío de que era yo el que no tenía la razón en todas las discusiones que tenía con mi mamá, también redescubrí que estaba fallándole a Dios. Pues él nos manda a honrar a nuestros padres10. Además, nos dice Proverbios 10:1 que “El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre”. También encontramos en las Escrituras unos consejos súper buenos como los que tenemos en Proverbios 15:1 que dice “La respuesta blanda apacigua la ira; más la palabra áspera hace subir el furor” y comencé a practicar esto. A la misma vez comencé a escuchar antes de responder y a juzgar si lo que me decían era justo. Y comenzó a cambiar mi vida. Sobre todo porque yo quería servir a Jesucristo, y no quería pecar contra él. En un mes se acabaron las discusiones entre mi mamá y yo. Y si las teníamos, no se alzaban los ánimos, sino que rápidamente se solucionaban las cosas. Claro que también dice la Escritura “El que se humilla será exaltado, mas el que se exalta, será humillado”11 y también “...si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”12 por lo que yo le pedía disculpas a mi madre, y a todo el que le hacía mal, o al que se enojara contra mí. Pues es precisamente lo que nos dice Mateo “Si tu hermano tuviere algo contra ti... anda, reconcíliate primero con tu hermano”.13
Llegué a pensar también en lo que pasaría si mi madre muriera. Pensé en lo mucho que yo hubiera llorado por ella, por todo el amor que me había dado. Y cómo hubiera hecho las cosas bien para honrarla con mi ejemplo. Pero entonces pensé un poco más y me dije: ¿Para qué voy a esperar a que muera mi madre para honrarla si cuando se muera ya no va a valer de nada. Mejor le ayudo y me porto bien ahora, y hago todo bien ahora para que le alegre el corazón. De todas formas, la Biblia dice que hay que honrar a nuestro padre y madre. Así que tengo que honrarla. Y decidí obedecerla y demostrarle cuanto la quería.
Y les testifico que realmente el obedecer la Palabra de Dios trajo sosiego y paz a mi vida. Como siempre. Dios me hablaba a través de Su Palabra y me bendecía de manera especial. Es por eso que le aconsejo, por experiencia propia, el estudiar y meditar en las Escrituras, pues son Palabra de Dios. La misma Escritura dice “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que todo hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.14 Y le aconsejo a TODO el mundo que la lea y la escudriñe. Tanto a personas en iglesias no católicas y, sobre todo, a mis hermanos católicos y a los que no vayan a ninguna iglesia o sean de otra religión. Pues si Dios nos ha dado esta bendición grandísima e inagotable de Su Palabra escrita, no debemos desperdiciar tanta gracia y bendición, sino ser agradecidos y “aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos.”15
No todo el que me dice Señor, Señor entrará al reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos
Sobre todo, el leer y estudiar la Biblia me guió hacia Jesucristo, mi Señor y Salvador. Pues nuestra salvación está, no en escudriñar la Biblia, sino en obedecerla. “No todo el que me diga Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la Voluntad de mi Padre que está en los cielos.”16 Y al seguir a Jesucristo encontré el descanso que mi alma buscaba. Claro, lo que yo quería era seguir a Jesús y él lo que busca es que nosotros vayamos a él para recibir descanso para nuestras almas. Así lee el Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.”17 Le pedía Dios que me enseñara y que yo pudiera aprender de él a ser manso y humilde de corazón. Y Él lo hizo. Pues nos promete también en las Escrituras “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.”18
Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos
De mis actividades preferidas estaban ayudar, orar, leer la Biblia, ir a la iglesia, etc. Y sí que me gustaba ir a la iglesia. Me encantaba ir a alabar a Dios. A escuchar predicaciones. A cantar y alabar a mi Señor y Salvador. Dice el salmo 84 “...porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”. Y yo quería siempre estar en la casa de Dios. Quería orar en su presencia. Tuve buenos momentos en los que iba a ayunar con mi mamá todos los domingos. Me acuerdo de mis hermanos con los que compartí en varias ocasiones. Y a los ayunos en los que estaban Oliberto, Pilar, Luciano, y otros hermanos, ancianos y jóvenes que amaban a Dios y querían buscarle en todo momento. Otra experiencia maravillosa fue los momentos que compartí con la Agrupación Moradores de Sión, de nuestra iglesia. Catherine, Melisa y los moradores son unos hermanos que trabajan muchísimo por llevar el evangelio y disfrute muchos momentos muy buenos con ellos. Y me acuerdo que recién empezando con ellos, un amigo mío, Earl, fue conmigo a un ensayo. Yo no estaba muy contento con mi desempeño con ellos y se lo dije a Earl. Él me dijo “aunque no sea mucho lo que haces, eso lo ve Dios y se agrada de ello.” Y la verdad que esas palabras me alentaron a seguir adelante con los Moradores. Y conste que yo estaba tratando de acercar a Earl a buscar más a Dios y fue él quien me ayudó a servirle mejor a Dios. Gracias a Dios por esos amigos que nos acercan a Dios.
No son muchos, pero Dios los puso ahí
Un ministro de la música favorito de éste servidor es Marcos Vidal. Y una de las canciones que habla sobre los amigos comienza así: “No son muchos, pero Dios los puso ahí... no son muchos, pero no los hay mejores en la tierra...” y siempre me gustó esa canción. Sobre todo porque de tantas y tantas cosas que tengo que agradecerle a Dios, son por los buenos amigos y amigas que Dios me ha dado. Gadiel, Rey, Abner, Gaby, Ruthy, Yami, Yesy, Jeimy, Steven, Juan Carlos, Alberto, Emanuel, Olguita, Irmita, Edgar, Irma, Alexis, Albert, Pico, Xiomara, y tantos otros y otras, en los que no puede faltar Ivy, mi queridísima hermana mayor quien ha sido mi ejemplo y mi confidente, y Mariely, mi queridísima hermana menor. Y el que debo poner en un lugar aparte y especial, y sé que todos mis amigos me lo permitirían, es mi papá. Él ha sido papá y amigo. Con él oré todas las noches cuando me enseñaba a orar el Padre nuestro. Con él jugué de niño. Con él compartí en la iglesia. Fue él quien estuvo siempre ahí cuando lo necesité. Y aunque mide 5’ 7” no he conocido a un gigante más grande que él. Gracias a Dios una y mil veces por él y por su amada esposa y mi madre, quienes fueron los ángeles de Dios enviados para guardarme y para amarme.
Algunos de mis amigos, han sido amigos desde la infancia. Otros, amigos que son como mis hermanos y que nunca podré olvidarlos. Y aprendí por experiencia que los amigos son personas a través de las cuales Dios nos da un poco de su amor infinito. Gracias le doy a Dios por cada uno de ellos.
7 días a la semana
Como les contaba, siempre quise buscar a Dios y estar con él. Y me acuerdo que hubo momentos en los cuales estaba de domingo a sábado en actividades de la iglesia. El domingo era la escuela dominical por la mañana, de vez en cuando un culto al aire libre al medio día y el culto evangelístico en la noche. El lunes era el ensayo de la agrupación. Si no, el culto de oración en algún hogar de un hermano de la iglesia. Y durante un tiempo, estuve estudiando en el instituto Mizpa, en unas clases nocturnas llamadas “extramuros” en los que uno recibe un certificado en Artes Ministeriales, el que gracias a Dios pude terminar. El martes era el culto de damas y caballeros. El miércoles eran los cultos en los hogares, predicando en los vecindarios con alto parlantes. El jueves era el culto de oración. El viernes era el culto de jóvenes. El sábado era el evangelismo casa por casa. Aparte de eso, Dios me dio la gracia de poder hablarle a varias personas acerca de él en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, “el CUTA”.19 Y pude ir con los jóvenes de AJEC20 en algunos barrios o incluso en algunos residenciales, entre los que recuerdo una actividad muy linda que se titulaba “Un Canto de Amor para Salvar tu Alma.” Con esto no quiero decir que era el mejor joven pentecostal que había, porque esa sería la mentira más grande del mundo. Lo que sí les quiero compartir era que mi amor por Dios y por obedecer a mi Señor y Salvador Jesucristo me movía a evangelizar y a compartir el mensaje con otros, a ir a la iglesia tantas veces como pudiera y a buscarle en todo momento. Todo esto comenzó con una de las lecturas que hice en casa. En esa lectura Jesús le decía a sus apóstoles “Por tanto, Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.”21 Y también en otro de los evangelios que dice “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere será condenado.”22 Y yo quería cumplir ese llamado. Bueno, no prediqué en el mundo entero pero por lo menos recorrí el barrio en el que vivía. J
Todos dicen tener la verdad
Mientras caminábamos por el barrio evangelizando, nos encontrábamos con personas con diferentes creencias. Al igual en la universidad, y otros que pasaban por mi casa. He tenido la oportunidad de hablar con hermanos mormones, testigos de Jehová, adventistas; algunos de otros grupos evangélicos, y también con católicos. Y algo que vi en ellos era que eran buenos en su fe y en su grupo. Comencé a ver buenos testigos de Jehová, buenos mormones, buenos adventistas, buenos católicos, y claro, buenos pentecostales también. Y algo muy particular es que todos dicen tener la verdad, incluyendo a mi iglesia en ese momento, la pentecostal. Lo que siempre se decía era que, entre las iglesias que había, la pentecostal era la más buena, la que más se apegaba a la Biblia. Últimamente me comentó un hermano de la iglesia a la que asistía, que ninguna otra iglesia tiene un estudio bíblico como la iglesia pentecostal. Me acuerdo que un amigo mormón me decía que ninguna iglesia tenía tan buena organización como la de los mormones. Varios testigos de Jehová me han hablado diciéndome que la organización de ellos es la verdadera organización de Jehová Dios. Que ellos son el testigo discreto que Jehová ha levantado en los últimos tiempos. Un buen amigo también me decía que si había investigado sobre el sábado. Y así por el estilo, las personas de los distintos grupos resaltaban las cosas buenas en su grupo.
Unida a estas experiencias, me acuerdo que estaba hablando con una testigo de Jehová y me preguntaba: “¿Por qué lo que ella dice acerca de la Biblia no es cierto y lo que yo digo sí? ¿Qué hace que yo tenga la verdad y que ella no, si ambos usamos la Biblia23? ¿Por qué lo que ella dice es mentira?” Y comencé a pensar en qué razones bíblicas habían para que lo que ella decía fuera falso. Pero también escuchaba qué decía ella. Y la verdad es que, aunque algunas cosas que ella decía no tenían del todo sentido bíblico desde mi punto de vista, había otros que sí tenían fuerza. Y había que reconocer que ella había estudiado más sobre su fe que yo sobre la mía. De hecho, semanalmente se estudia la Biblia y los panfletos, revistas y otros libros que publica la Sociedad “Watch Tower”.
Bueno, una de las cosas que vinieron a mi mente era que no podían ser la verdadera iglesia porque habían comenzado en 1876 con Charles Taze Russell. Sin embargo, me enteré que los pentecostales surgieron para el año 1900 cuando un grupo de pastores se reunieron y tuvieron una experiencia, y pensaron que lo que pasó en Pentecostés había pasado allí y así surgió. Esta información la corroboré cuando la Iglesia de Dios Pentecostal M. I. publicó en el periódico El Nuevo Día que habían construido un nuevo edificio para las misiones, y hablaron sobre su historia. Hablaron sobre el día de Pentecostés. Luego sobre Lutero y la reforma. Y que ellos, descendientes de Lutero surgieron en el 1900. Entonces, lo que pensé que era una buena razón para que los testigos de Jehová no fueran la iglesia verdadera me señalaba hacia la iglesia a la que pertenecía como que tampoco era verdadera. O sea, que no venía desde Jesucristo y los apóstoles.
Otra de las cosas que me decía era que no había Trinidad. Y mi iglesia creía en ella. ¿Pero qué razones hay para creer en la Trinidad? Esta era una de las preguntas que me hice en ese momento. Ahora si estoy seguro de la Trinidad, pero en ese momento tenía un problema. Y es el siguiente. Mi iglesia, la pentecostal en ese momento, decía que la Trinidad sí era verdadera. Los testigos de Jehová no. Qué dice la Biblia. Bueno, yo había leído en Mateo 28:19 que decía “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Pero, en ese verso y en ese momento no dice explícitamente (aunque sí implícitamente) que el Hijo sea Dios, ni que el Espíritu Santo es Dios. La mayoría de los cristianos creemos en eso y diríamos, “claro que sí”. Pero ahí lo que dice es simplemente que al bautizar se haga en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Por otro lado, la Biblia también dice que “Pero de aquel día, y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.”24 Y yo me preguntaba: “¿Cómo es que Cristo es Dios igual al Padre si no sabe lo que sabe el Padre?” También dice Jesús “el Padre mayor es que yo”. Y ¿Cómo Jesús es igual al Padre en la Trinidad y es menor según sus propias palabras? Y por otro lado, la Biblia dice en Juan 1:1 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” y también en 2 de Pedro 1:1 “Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. Y la verdad que no tenía claro lo de la Trinidad. Yo también sabía que la Biblia era la Verdad. Y a mi parecer la Biblia en ocasiones afirmaba la Trinidad y en otras ocasiones como que la negaba. Eso me pasaba porque yo no entendía realmente la Trinidad. Ahora sí la entiendo, pero en ese entonces yo ni siquiera le hacía mucho caso a la teología por creer que era algo fuera de la Biblia y por lo tanto falible y insegura. (Ahora entiendo que sí hay teología verdadera y que, al fin y al cabo, aunque digan que no, todos los grupos tienen su teología, su forma de entender a Dios y a la Biblia. Por lo que a cualquier grupo que alguna persona vaya en esta tierra, va a tener que lidiar con la teología).
Yo nací pentecostal
Yo nací pentecostal. Para algunas personas eso es suficiente para aceptar que algo sea verdad o no. El hecho de nacer en una fe. Sin embargo, yo entiendo claramente que el nacer en una fe no te asegura que sea la verdadera. Pues hay millones que nacen musulmanes, hinduistas, budistas, e incluso, en este momento, testigos de Jehová. Entonces no es posible que por yo nacer en la pentecostal ya por eso yo tenía la verdad. Porque si aplicaba ese principio de nacer en una fe a ella, de ella haber nacido en su iglesia, entonces ella también debía tener la razón. Pero, todos sabemos que sólo hay una verdad. No puede haber verdades que se contradigan como por ejemplo decir que Jesús es Dios y que Jesús no es Dios son verdad las dos. Es imposible. O es Dios, o no es Dios. Cuando algo es blanco, y uno dice que es blanco, y el otro dice que es negro, sólo uno puede tener la verdad. Los dos no pueden estar correctos. O es blanco o es negro. Y en este caso también. Solo debía haber una verdad. Entonces llegaba la cuestión de la interpretación. Muchos dicen “es cuestión de interpretar correctamente la Biblia”. Y para los que creen que la Biblia es la única regla de verdad parece que esto es muy importante. Pero el problema estaba en que tanto mi amiga testigo de Jehová y su organización, como los adventistas, como los mormones, y los pentecostales todos decíamos que teníamos la interpretación correcta. Y la pregunta mía era ¿Quién tiene entonces la interpretación correcta? O ¿Cómo puedo estar seguro de que mi iglesia es la que interpreta correctamente?
Tenía otras cuestiones que también estaban en mi mente. En la primera carta a los corintios Pablo les escribió “si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.”25 Y me parece que esto no se practica en las iglesias pentecostales, o por lo menos en muchas de ellas. Aunque sí se hacía silencio cuando se pensaba que alguien estaba interpretando una lengua, pero que sólo uno hablaba en lenguas, eso sí que no. A veces había dos, o tres, o diez, o más a la vez, y en ocasiones no había interpretación. O sea, que fallaban en lo que fueran sólo dos o tres. Y fallaban en que fueran en turno. Y fallaban en que hubiera siempre interpretación. Y fallaban en callarse si no había interpretación. Todos estos, y otros puntos me hacían pensar en que la iglesia pentecostal tenía muchas cosas buenas, pero tenía algunas fallas bíblicas. Y yo había aprendido siempre en la iglesia pentecostal que la Biblia es la Palabra de Dios y es la Verdad de Dios. Y que por lo tanto, lo que decimos y hacemos tiene que obedecer lo que dice la Biblia y no puede contradecirla nunca. Y si eso es así, entonces ya mi iglesia tenía algunas fallas. Al igual que muchas otras de las que había escuchado.
Hasta que no tenga razones suficientes...
Yo siempre pensé que uno debía estar y permanecer en la iglesia donde uno estaba y no cambiar de iglesia por tener unos disgustos o problemas con otros hermanos o con el pastor. Sobre todo por cosas que el pastor ordenaba. Pues la Escritura dice “obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos...”26 y yo siempre creí en la obediencia al pastor. Y por lo tanto, yo no me iba a ir de mi iglesia así porque sí. Hasta que yo no entendiera que Dios tenía algún propósito de que yo cambiara de iglesia, yo no iba a cambiar. Hasta que nadie me probara que la iglesia pentecostal no era mejor que su iglesia, no iba a cambiar. Hasta que no tuviera razones suficientes para dejar de ser pentecostal, no iba a dejar de serlo. Y por varios años nunca me dieron ni tuve razones suficientes para dejar de ser pentecostal, por lo que traté de servir a Dios lo mejor que pude en la Iglesia de Dios Pentecostal M. I. del barrio Campo Alegre en los años a seguir.
Mis fallas
Entre las diferentes actividades que llegué a hacer, no todo fue color de rosas. Cometí muchos errores que me hicieron perder mucho tiempo en la universidad, y otros que crearon dentro de mi relación con mis padres algunas diferencias. Todo debido a unos compromisos que llegué a hacer con otras personas y a los cuales invertí mucho de mi tiempo.27 No que todo fue malo, sino que no supe hacer un balance con mi tiempo. Pero ahora entiendo que quiero comprometerme de esa forma sólo con Jesucristo. Sólo con la Divina Trinidad y sólo para hacer Su Voluntad. Es bueno que meditemos y pensemos en qué es lo que estamos haciendo con nuestro tiempo y si es lo que Dios quiere para nuestras vidas. Porque dice el Apóstol “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”28 Y gracias a que Dios nunca apartó Su mirada de mí, y me siguió aconsejando a pesar de mis errores, dejé a un lado lo que me estaba quitando el tiempo que era de Dios y lo busqué primero a Él.
Mi hermano y amigo Rey
Entre dos y cuatro años de que nos mudamos del barrio Campo Alegre de Hatillo, del sector Alto el Fuego a otro sector, Cuchí 1 (que aunque pertenece al barrio Dominguito de Arecibo, donde nos mudamos todavía estaba dentro de Campo Alegre) conocí a unas personas que llegaron de Estados Unidos. En esa familia que había llegado de E. U. había dos adolescentes (un muchacho y una muchacha). Mi hermana rápidamente se hizo amiga de la jovencita que llegó nueva, pero yo me tarde un tiempito más en hacerme amigo del nuevo vecino.
Luego de hacernos amigos, comencé a hablarle a mi amigo sobre las cosas de Dios. Aunque la verdad es que estuve hablando cosas en contra del Papa y de la Iglesia Católica. Ahora que lo medito, yo sólo hablaba mal de la Iglesia Católica con mis amigos, pues por alguna razón extraña nunca hablé mal de la Iglesia Católica a ninguna de las personas que fuimos evangelizando. Siempre que llegábamos a la casa de una persona católica le decíamos siempre que siguiera leyendo la Biblia, y que siguiera buscando a Dios. Y nos íbamos de la casa. Yo hasta me pregunté si había algo malo conmigo, porque “sabiendo” que la Iglesia Católica estaba mal, nunca le prediqué de eso a nadie católico. Pero entiendo que Dios tenía Su propósito bien establecido y no permitió que hablara cosas que no debía a mis hermanos católicos.
Derribados, pero no destruidos
Bueno, llegué a hablarle para que buscara a Dios y hasta le escribí una carta, estilo Pablo a Timoteo, para que su fe creciera en el Señor. Pero por algunas cosas de la vida, mejor dicho, por diversas trampas y tentaciones, mi amigo se alejó del Señor. Hasta que un día llegó medio raro. Me refiero al estilo de vestir, pues no era el que yo había notado anteriormente.
Tenía él un estilo de “rapero”, pero no de cualquiera, sino del que está listo para pelear con cualquiera y a hacer cualquier cosa, sin importar si le agradan a Dios o no. Y no lo vi bien. Y le comencé a instar que buscara de Dios y dejara todo eso. Que le diera una oportunidad a Dios. Y así por el estilo, le hable varias cosas.
Mi amigo decidió buscar a Dios y comenzamos a ir a la iglesia.
“The Return of the King” (El Regreso Del Rey)
Pasó un tiempo y nos enfriamos un poco ambos. Es en ese momento donde cometí algunos errores de los que ya mencioné. Sin embargo, Dios en su misericordia continuó llamándonos y mi amigo Rey volvió a buscar de Dios con todas sus fuerzas. Cuando volvió, me invitó a estudiar la Biblia en su casa junto a otro amigo de nosotros, Gaby. Y en ese momento estuvimos hablando con un amigo, Luís, que estaba en malos pasos. Y por la gracia de Dios, juntos lo ayudamos para que comenzara a buscar a Dios y a dejar todo lo que no le agradara a Él.
Mis amigos Rey y Gaby se pasaban evangelizando y visitando diferentes personas. Rey comenzó a destacar su gran pasión por Cristo y a evangelizar a todos sus amigos.
Otro Saulo de Tarso
Rey se convirtió en otro Pablo, pero antes de convertirse. O sea, en otro Saulo de Tarso29. Aquel personaje que persiguió a los cristianos al principio creyendo que estaba haciendo lo correcto. Así mismo estaba haciendo Rey. Defendiendo la fe pentecostal en contra de la doctrina católica. Le habló a muchos jóvenes en contra del catolicismo e incluso, a algunos familiares.
Me acuerdo que una noche estábamos en su casa y Rey atacó la Virginidad de María, la Intercesión de los Santos, y no sé cuantos otros dogmas más. Y yo, que se suponía que era el más tiempo que llevaba y el más que sabía, ni hable casi. Tres palabritas o cuatro, luego que Rey descargara todo su armamento y todas sus acusaciones en contra de la Iglesia Católica.
Algo muy extraño paso luego. Aunque también pienso que fue una contestación a mis plegarias. Pues veía yo que Rey se estaba afanando tanto en que su familia dejara de ser católica que discutía con ellos, a veces en tonos demasiado fuertes. Y yo comencé a pedirle a Dios que lo dirigiera y que lo cuidara de hacer cosas erróneas. Y como contestación a mi plegaria, Rey comenzó a calmarse y ya casi no hablaba.
Si la Biblia lo dice, yo no tengo problemas con eso
Y mientras pasó eso, continuamos reuniéndonos para estudiar la Biblia. Y me acuerdo que en una de esas reuniones me preguntó: “¿Es buena la confesión con el sacerdote?” Yo le dije que en mi iglesia no se practicaba. Pero le dije también que en el libro de Santiago, en el Capitulo 5 verso 16 dice “Confesaos vuestras ofensas unos a otros” y yo sabía que los sacerdotes estaban preparados para dar consejos y escuchar las confesiones, pues ya algunos amigos me habían contado como los aconsejaban y ayudaban a no caer nuevamente en los pecados. Así que si la Palabra de Dios lo decía, y los sacerdotes eran las personas indicadas para hacerlo, no veía problemas con ello. Pero había más. Pues le dije también “En la Biblia Jesús le dice a sus discípulos: a quienes les remitieren los pecados, les serán remitidos; y a quienes se los retuvieren, les serán retenidos”30 Y yo le dije “Si la Biblia lo dice, yo no tengo problemas con eso”.
En otra ocasión me pregunto que si Maria tuvo más hijos o no. Yo le dije que en la Biblia hablaba de unos hermanos de Jesús31, pero que había leído una explicación de que esos hermanos de Jesús no eran hermanos de sangre, o sea, hijos de María y de José, sino parientes, primos, o parientes cercanos a los que también se les llamaba hermanos, según la tradición de ese tiempo. Y como yo no hubiera corroborado esta información todavía, tuve que confesarle que no estaba seguro de si María había tenido más hijos o no. Y claro que mi iglesia en ese momento, la pentecostal, estaba de acuerdo con que esos hijos de María sí eran hermanos de Jesús de sangre, o sea hijos de María, ya había comenzado en mí la cuestión sobre cuantos conocimientos tenía la iglesia pentecostal acerca del tema para estar correcta en ese punto. Y ya pensaba yo que antes de decir que algo era erróneo, debía yo buscar primero e investigar para ver si en realidad eso era verdadero o falso. Y en mi propia iglesia pentecostal me habían enseñado que todo lo que hablara el pastor o el predicador tenía que estar a tono con el Evangelio y con la Biblia, así que teníamos que juzgar al predicador si estaba o no hablando la Palabra de Dios o eran cosas de hombres, tal como lo hicieron los de Berea32 que escudriñaron las Escrituras para verificar si lo que les predicaba el Apóstol Pablo era cierto.
Juan Carlos, ¿qué te pasa?
Cuando llegué a mi casa esa noche me pregunté “¿Juan Carlos, qué te pasa? Rey necesita salir de la Iglesia Católica y tú lo que haces es ayudándolo a ser más católico?” Así que decidí buscar un verso que lo ayudara a dejar de pensar en la Iglesia Católica y a ver sus errores. Le dije que buscara Mateo 23:9 donde dice “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” Le escribí el verso para que lo leyera pero no vi cuando lo buscó. Bueno, para ser sincero, me parece que ni lo miró. Creo que él ya estaba preocupado por otras cosas.
Pues luego de unos días, el me dijo que estaba seguro de que María no había tenido más hijos, que siempre había sido virgen. Yo le dije que me alegraba por él, aunque yo seguía todavía sin saber si había sido virgen o no. Continuamos hablando también de otros temas, como el purgatorio y otros, en los que él había buscado información, y tuvimos algunas diferencias en cuanto a algunas ideas, pero siempre en conversación amable, sin nada que dañara la amistad y el diálogo.
Mi primer misa
En uno de esos días, un sábado, mi amigo Rey me invitó a ir a una misa. Como él me estaba acompañando a la iglesia pentecostal, yo le dije que sí iba a ir. Llegó el día de la misa y entré allí. Y de repente me llené de terror, porque pensaba que todas las imágenes que estaban allí eran ídolos y que los católicos eran idólatras. Así que, desde que llegué, empecé a pedirle a Dios que salvara a los católicos: “Señor, sálvalos. Ten misericordia de ellos. Que conozcan Tu verdad. Señor, ten misericordia de ellos” y oraba y oraba una y otra vez. Estuve orando toda la misa, aproximadamente una hora y un poco más.
El choque. Día 1: Las pláticas o charlas de Martín
Un lunes en la noche, llegué del trabajo y mi amigo Rey me estaba esperando. Me dijo muy emocionado: “Carlos, tú tienes que venir conmigo mañana. Estuvo súper tremenda. Nos dieron una charla en la cual hablaron de la Iglesia, la Biblia y la historia. Estuvo súper tremenda. Tienes que venir conmigo.” Y fue tanto su entusiasmo que decidí acompañarlo el próximo día a la charla. La verdad tampoco lo podía dejar solo porque estaba buscando la Verdad y quería acompañarlo en tan noble búsqueda. Además siempre existe la oportunidad de aprender algo nuevo, y yo estaba seguro de que yo no lo sabía todo. Así que fuimos el próximo día.
Día 2: En la Biblia, nunca aparece la frase hijos de María
Cuando llegamos y escuchamos la charla, fue muy interesante para mí. Yo que tenía la costumbre de verificar qué es lo que me están diciendo y no creer nada así por que sí, comencé a escuchar y a meditar en lo que se decía. Estaban hablando sobre la virginidad de María, sobre si ella había tenido más hijos o no. Y cuando terminó la charla quedé impresionado por lo que escuché. Claro que iba a verificarlo más tarde, pero comprendí que era mucho más que una probabilidad de que María fuera virgen aún o no, sino que era una realidad. Lo primero que mencionaron fue que en la Biblia nunca aparece la palabra hijos de María. Nunca.
Otra cosa que mencionaron fue que el termino hermano en hebreo es “Aj” o hermana “Ajot”. Y que éste termino se utilizaba tanto para hermanos de sangre como para primos o parientes. Y aunque existían otras palabras para tíos y para otros parientes, se utilizaba el término para hermanos en muchas y diversas circunstancias. Ejemplos de eso tenemos en Abrahán cuando llama a Lot, y le dice “somos hermanos”.33 Sin embargo, Lot era sobrino de Abrahán. También se le llamaba hermanos a los miembros de una misma raza o pueblo34. Y de igual forma se utilizaba la palabra hermano en otras ocasiones. Como en el Nuevo Testamento en el cual se usa para llamar a aquellos que tienen nuestra misma fe como nuestros “hermanos”35.
Pues esa palabra, “Aj” o “Ajot” se tradujo al griego como “Adelphos” que significa también hermanos. Y a pesar de que en el griego la palabra para primos es “Anepsios” y la pudieron haber usado, la costumbre era de llamar hermanos a los parientes cercanos. Es por esa razón que el que diga “hermanos de Jesús” en el Nuevo Testamento no quiere decir que sean hermanos de sangre, sino que pueden ser primos, parientes u otros. Así lo hicieron los judíos que estaban en Alejandría, que tradujeron el Antiguo Testamento del hebreo al griego para el año 250 antes de Cristo, llamada la Septuaginta. Cuando ellos vieron en el hebreo que decía “aj” (hermano en hebreo), aunque se refería a un primo o a otro pariente, lo tradujeron como “Adelphos” (hermano en griego). Y así, siguiendo el mismo estilo bíblico, lo escribieron los apóstoles. De hecho, esa era la costumbre de los judíos, y fue la de los apóstoles.
Juan 19:25
En este pasaje nos dice que “estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena.” Sobre esta María, mujer de Cleofás y hermana de María la madre de Jesús, nos comenta el Dr. protestante C. I. Scofield sobre las diferentes mujeres con el nombre de María en el Nuevo Testamento. Y sobre esta María, mujer de Cleofás nos dice “María, la madre del Apóstol Jacobo (llamado “el menor”, Mr. 15:40) y esposa de Cleofás (Jn 19:25), a quien se lo puede identificar con Alfeo (Mt 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15). Evidentemente ella era prima de María, la madre de Jesús.”36 Entonces, según el Dr. Scofield se puede utilizar la palabra hermano(a) y significar primo en el mismo Nuevo Testamento.
De hecho, buscando en el programa bíblico The Bible Collection se puede encontrar la palabra griega que se usó para hermana, que es Adelphe que significa hermana. Entonces comprobamos una vez más que la palabra hermanos, tanto en hebreo como en griego se puede utilizar, según la costumbre judía, para parientes y no necesariamente para hermanos de sangre. (En Marcos 6:3 la palabra que se usa para hermanos es la misma, aunque en masculino, que se uso en Juan 19:25 – (Adelphos)
Lucas 2:41-52
En este pasaje habla de cuando Jesús se le perdió a María y a José y lo encontraron en el Templo. En todo este pasaje de Lucas no se mencionan otros hijos de María, y ya Jesús tenía 12 años.
Juan 19:25-27
En este pasaje Jesús está en la cruz, y María estaba junto a la cruz con el discípulo amado. Y Jesús le dice a María “Mujer, he ahí a tu hijo.” Y después le dijo a Juan “He ahí a tu madre”. Aquí tampoco hay hermanos de Jesús. Lo lógico en la cultura judía es que si María tenía más hijos, ellos se hicieran cargo de ella. Pero como ella no tenía más hijos, Jesús se la dejó a Juan, el discípulo amado. Y, dice, “desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.”
No hay “juniors”
Entre las cosas que se mencionaron sobre los hijos de María, hablaron sobre los que se suponen, en el mundo no católico, que son los hermanos de sangre de Jesús. Sobre Jacobo37, José, Judas y Simón. En la costumbre Judía nunca el padre le daba al hijo su nombre. O sea, que no habían “juniors”. Y si vamos al Antiguo y Nuevo Testamento, en todas las genealogías, nunca un hijo tiene el mismo nombre que su padre. Tal vez tenga el nombre del abuelo, o bisabuelo. Pero nunca el nombre del padre. Y uno de los supuestos hijos de María, era José38. Y José no puede ser hijo de José, porque en la costumbre judía no existe eso de llamarle al hijo con el mismo nombre del padre, contrario a lo que se hace en nuestra cultura que por lo general sí le damos el mismo nombre del padre al hijo. Si el padre se llama Pedro, al hijo se le llama Pedro. Si el padre se llama Luis, le dan el mismo nombre al niño. Si se llama Eustaquio, pues... bueno, quizá en ese caso no le pongan el mismo nombre, pero el uso y la costumbre nuestra es darle nuestro nombre a nuestros hijos, contrario a la costumbre judía.
Lo único que se sale de la regla es cuando le preguntan a Zacarías si su niño se iba a llamar igual a él39. Pero la conclusión es que era una ocasión especial, pues como mencioné anteriormente, la costumbre es que nunca se le daba el mismo nombre del padre al hijo. Entonces José no es hijo de José. Y si no es hijo de José, tampoco de María.
Y entonces podemos deducir que si José no es hijo de María, ¿cómo puede alguien afirmar que los demás sí son hermanos de sangre pero ése no?
El testimonio de la Iglesia y la historia sobre la virginidad
Luego de que pasó esa semana me enteré de que precisamente nadie en la historia de la cristiandad dudó de la virginidad de María40 a excepción de los judíos y de alguna que otra persona fuera de los grandes héroes de la fe cristiana. Y esto para mí fue una prueba mucho más grande que todo lo que había escuchado anteriormente. Pues los apóstoles y muchos de los primeros cristianos sí conocieron a María. Ella estuvo con ellos perseverando en la oración41. Ella se había quedado con el apóstol Juan42 y de seguro que continuó perseverando junto con los apóstoles. Entonces ellos la conocían bien. Ellos sabían si era virgen o no, y no le hubieran enseñado a sus discípulos que ella no era virgen, de no serlo. Pero, más que no haber enseñado eso, los mismos discípulos conocían a María. Y sabían que no tuvo más hijos. Es por eso que en los escritos cristianos de los Padres de la Iglesia43 nadie habla de hijos de María y sí le dicen siempre “la virgen Maria”o simplemente “la Virgen”.
Uno de ellos, Ignacio de Antioquia, quien fuera obispo de dicho lugar, y quien murió comido por fieras, escribió hacia el año 107 varias cartas en las que llamó a María, virgen o la Virgen. Así mismo, cristianos que defendieron la fe verdadera de las herejías en el siglo segundo, como Justino Mártir (año 150) y Irenéo de Lyón (año 177) también se referían a ella siempre como la Virgen. Pero por si fuera poco, Orígenes, un cristiano que escribió para el año 200 afirmó:
"...aquel cuerpo que fue escogido para prestar un servicio al Verbo y acerca del cual se dice: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cobijará con su sombra (Lc 1, 35) no conoció unión alguna con varón por haber descendido sobre él el Espíritu Santo y haber sido cobijado por la virtud de lo alto. Yo sostengo razonablemente que la primicia de la pureza y castidad de los varones sea Jesús y que la de las mujeres sea María. No concordaría, efectivamente, con la piedad el atribuir a alguna otra persona distinta de ella la primicia de la virginidad" ( Comentario al Evangelio de san Mateo, 10:17).
"En efecto, de acuerdo con los que piensan rectamente acerca de él, ningún otro es hijo de María mas que Jesús..." (Comentario al Evangelio de san Juan, 1:4).44
Agustín (354-430), obispo de Hipona, escribió y enseñó a muchos; y aún personas quienes fueron anti-católicas como Juan Calvino45 lo llamaron “el santo doctor”. San Agustín escribió también las famosas Confesiones en las que él relata su vida y su conversión a Jesucristo. En un de sus escritos, hablando de María dice “María dio a luz a uno solo; la Iglesia alumbra a muchos, que han de ser congregados en la unidad de aquél único”.
Y ya para el año 380 aproximadamente, algunos que leían los evangelios y preguntaban el porqué en Mateo 1:25 habla de que José no la conoció hasta que tuvo a su hijo primogénito. O sea, que después sí la conoció46. Pero como la Iglesia siempre estuvo segura de que María no tuvo más hijos, ya un gran predicador, llamado Juan Crisóstomo47 iba a explicar que cuando Mateo escribió hasta, no estaba pensando en decir que después sí tuvieron relaciones. Sino quería afirmar que hasta ese momento, no habían tenido relaciones conyugales. De igual forma aparece en la Biblia que Jesús reinará hasta que ponga a sus enemigos por debajo de sus pies. Pero no quiere decir que después no va a reinar, sino que hasta que ponga a sus enemigos por estrado de sus pies, estará reinando. ¿Y después? También. Esa fue la promesa del ángel Gabriel cuando le dijo a María48 “El será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” Y también habla de él el profeta Daniel49 “Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido.” Entonces, la palabra hasta en Mateo y en muchas otras citas bíblicas no significa que después sí pasó algo, sino que hasta ese momento no habían tenido relaciones, y simplemente, no se refiere al futuro, sino al pasado.
De hecho, en 2 Samuel 6:23 se habla de una de las esposas de David y dice que ella no tuvo hijos hasta el día de su muerte. Obviamente, ella no tuvo hijos después de muerta. Sin embargo, usaron la palabra hasta. Es interesante notar que en la traducción griega del Antiguo Testamento, llamada Septuaginta, fue la que más usaron los escritores del Nuevo Testamento para escribir sus libros o cartas.50 Y la forma en que se escribió Mateo 1:25 es muy parecida a la que se escribió 2 de Samuel 6:23. Interesante, ¿verdad?
Santiago el hermano del Señor murió a los …
Un dato que muchos no conocen es el hecho que nos da un cristiano de los primeros siglos que, como todos los demás, creían en la virginidad de María. Y es que hablando de Jacobo (Santiago en las bíblias católicas), el hermano del Señor, mencionó la edad en que murió Jacobo. Y dice que Jacobo murió como mártir a los 96 años de edad.51 Ahora, para los conocedores de la fecha en que murió, saben que murió para el año 62 D.C. aproximadamente. Ahora, hay que hacer la matemática. Si Jacobo murió en el año 62 y murió a los 96 años, quiere decir que tenía más o menos 30 años cuando Jesús nació. Entonces, ¿cómo dicen algunos que María tuvo más hijos y que todos eran hermanos menores de Jesús cuando uno de ellos tenía 30 años para cuando Cristo nació? Entonces no podemos creerle a nadie que diga que Jesús tenía hermanos menores porque ya el primero de ellos era mayor. Y segundo, Jacobo no puede ser hijo de María porque cuando Jesús nació tenía 30 años de edad y Jesús fue el hijo primogénito. O sea, el primero de María. Por lo tanto, Jacobo no era hermano de Jesús. Y esto nos prueba una vez mas que la palabra hermano se usaba indistintamente de que fueran hermanos de sangre, o parientes cercanos.
Entonces, para gloria de Dios y en honor a la verdad, llamamos a María “la siempre Virgen María”.
¿Se le puede llamar a María “Madre de Dios”?
Hablaron también sobre si a María se le podía llamar Madre de Dios. Claro que yo como pentecostal siempre entendí que se estaban refiriendo a que María fuera la que le dio origen a Dios. Pero me enteré de que eso nunca fue el propósito de la Iglesia. O sea, cuando la llamaron Madre de Dios, no se refirieron a que María fuera la que le dio origen a Dios. Sino solamente que como fue madre de Jesús, y Jesús es Dios, pues entonces se le puede llamar Madre de Dios. Más aún, la misma Biblia habla al respecto. Para los evangélicos y para la mayoría de los grupos cristianos, Jesús es Dios. Y una de las cosas que se mencionan en la Biblia es que Elizabeth52 le dice “de donde a mí que la madre de mi Señor venga a mí”. Y la palabra Señor en griego es “Kurios”, y es la palabra usada para llamar a Dios en la Biblia Septuaginta, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Y, no solo la llamó así Elizabeth, sino que lo hizo llena del Espíritu Santo. O sea, que el Espíritu Santo llamó a María Madre del Señor, o, lo que es igual, Madre de Dios. Y si el Espíritu Santo la llama así, ¿por qué razón nosotros no le vamos a llamar así?
De eso hablan varios de los primeros cristianos. Uno de ellos, Ireneo de Lyón53, quien habló varias cosas sobre la Virgen María. Una de las cosas que escribió fue “así ésta por la palabra del ángel fue evangelizada para que portase a Dios por la obediencia a su palabra, a fin de que la Virgen María fuese abogada de la virgen Eva”. Éste fue un discípulo de Policarpo, que a su vez fue un discípulo del apóstol Juan. Y si Ireneo de Lyón dijo que María portó o llevó a Dios de la misma forma en que nuestras madres nos llevaron a nosotros en el vientre, entonces no deberíamos escandalizarnos en llamarla Madre de Dios, y mucho menos cuando un discípulo del Apóstol Juan la llamó prácticamente Madre de Dios. Justino Mártir54 fue otro que defendió la fe cristiana. Un discípulo también del apóstol Juan. Éste también habló sobre la Virgen María y Eva, al igual que lo hizo Ireneo de Lyón. Y así lo hicieron muchos escritores cristianos durante los 2,000 años de historia. De tal forma que si le escribiera todos los que escribieron sobre la Virgen María, tendría que escribir varias páginas… demasiadas. Por esa razón sólo añadiré algunas cosas que escribieron los cristianos en los primeros siglos. Uno de ellos, Cirilo de Jerusalén55 menciona y dice que de entre los que testifican de Jesucristo nuestro Señor, junto a los ángeles, al pesebre y a otros, menciona y dice “testifica la Virgen Madre de Dios”. En griego, el termino “Theotokós”, que significa Madre de Dios, fue usado por otros cristianos en los primeros siglos, como por ejemplo, Orígenes (185-254 D. C.), San Hipólito (170-236 D. C.) y San Alejandro, que para el año 300, escribe “Nuestro Señor Jesucristo tomó no sólo la apariencia, sino la realidad de la carne humana, de María la “Theotokós” (Madre de Dios)”56. Y así por el estilo, muchos otros cristianos también hablaron acerca de ella.
Y no puedo dejar de mencionar al gran doctor Lutero, quien en su comentario al “Magníficat” de la Virgen María la llama “la bienaventurada virgen María” y “la dulce Madre de Dios”. Y, sobre todo, como termina su tratado:
“Dejemos esto aquí por el momento, y pidamos a Dios que nos conceda la correcta inteligencia de este Magnificat: que no se contente con iluminar y hablar, sino que inflame y viva en el cuerpo y en el alma. Que Cristo nos lo conceda por la intercesión y la voluntad de su querida madre María. Amén.” Definitivamente, Dr. Lutero, esto me suena a mi Católico, aunque se haya separado de la Iglesia. Pero, mientras más estudiaba, esto que dijo Lutero no me parecía simplemente católico, sino cristiano. Así hablaban los primeros cristianos de la virgen María. Gloria a Dios por todo lo que hizo en la bienaventurada madre de nuestro Señor Jesucristo, la siempre virgen María.
Un detalle de última hora
Un hermano a quien aprecio mucho en el Señor, me contó que alguien le dijo que María no podía ser virgen porque ella había quedado viuda de José y las viudas, según la ley, tenían que casarse otra vez. Bueno, uno no tiene que saber de costumbres judías para saber que esto no tenía que ser así. Veamos que nos dice la Biblia que pasó en los tiempos de Jesús y de María. Veamos:
“Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido, y luego quedo viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.” (Lucas 2:36-37)
Pobre Ana. O era tan fea que nadie más se quiso casar con ella, o no necesitaba volver a casarse y pudo seguir siendo viuda y adorando a Dios. Yo estoy seguro de que ocurrió lo segundo. Ella pudo sin problemas seguir siendo viuda y adorando a Dios hasta los 84 años. Y si ella pudo, no veo el porqué María no lo pudo hacer.
¿Y qué hay de esto otro?
Luego de la primera noche entendí algo sobre la virginidad de María. Pero... “¿y que hay de esto otro?” pensaba yo. Me refiero a que son tantas las cosas que yo había escuchado de la Iglesia Católica que tenía todavía miles de dudas sobre muchos otros temas. Como las imágenes, el Papa, la Inquisición, La Confesión, y muchos otros temas que tenía rondando en mi mente. Pensé entonces tomar un tema a la vez y volver el próximo día para ver qué otra cosa podía resolver entonces.
No tendrás dioses ajenos delante de mí (Éxodo 20:3)
Llegó el tema de las imágenes. Ahí fue que yo dije “deja ver qué dicen ahora”, pues yo estaba segurísimo que no se debían tener imágenes, y dieron el texto de Éxodo 20:4,5 donde dice “no te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso…”. Cuando lo leyeron nos mencionaron que el contexto de ese pasaje era el verso 3, donde dice “no tendrás dioses ajenos delante de mí”, entonces, no se trataba de no hacer ninguna imagen sino de no hacer ídolos. Imágenes creyendo que era dioses para adorarlos como a dioses.
Continuaron diciendo que, como sabemos, muchos no católicos dirían “todas las imágenes son malas. Son ídolos todas y la Iglesia Católica está mal porque no está siguiendo a la Palabra de Dios.” Pero entonces explicaron que si todas las imágenes eran ídolos y eran malas, entonces Dios nunca iba a mandar a que hicieran alguna, puesto que todas son malas y Dios no va a tentar a ninguna persona para que peque, pues dice la Escritura que Dios “no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie”57. Entonces ¿por qué Dios manda a hacer imágenes en el arca del pacto si todas las imágenes son malas? En Éxodo 25:18 nos dice “Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio…y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio…”58. Sí, era verdad. Dios había mandado a hacer esas imágenes en el arca del pacto. Y habría que considerar que el arca del pacto era un artefacto sagradísimo en donde Dios mismo se revelaba: “allí me declararé a ti”. En esa Arca del Pacto había imágenes, pero ¿no que eran todas malas? No. Definitivamente que no. Pero no solo dieron esa cita bíblica. Había más.
Números 21:8-9
“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente moría a alguno, miraba a la serpiente de bronce y vivía.”
Otra vez Dios le manda a Moisés a hacer imágenes. Esta vez le manda a hacer una serpiente. Y no sólo eso. Sino que el que mirare a la serpiente, iba a quedar sano. Dios quiso sanar a través de esa imagen. Todo el que obedeciera a lo que Dios le había dicho a Moisés, es decir, a los que miraren a aquella serpiente, serían sanados de las mordidas de las serpientes59. Qué increíble. No sólo manda a hacer una serpiente sino que la utiliza para sanar a los que eran mordidos.
Y ¿qué de las imágenes que Dios no mandó a hacer?
Bueno, yo no podía negar lo que estaba escuchando, porque yo mismo había leído esos pasajes varias veces anteriormente y sabía que era cierto. De hecho, en las charlas, yo (al igual que muchas otras personas que habían traído sus bíblias, estábamos corroborando lo que se decía al frente con nuestras bíblias). “Pero” pensé “esas imágenes Dios las mandó a hacer. Y ¿qué de las imágenes que Dios no ha mandado a hacer?” porque yo sabía, o por lo menos me parecía a mí que Dios no había mandado a hacer imágenes de Cristo, de María ni de los santos. Entonces fueron para 1 de Reyes 6:23. En el contexto60 de ese versículo estaban hablando sobre la construcción del Templo de Salomón a Dios. Salomón era hijo del rey David y fue el rey más sabio de Israel61. El le edificó un templo a Dios, una de las grandes maravillas del mundo. Y vean lo que dice la Biblia que hizo en el lugar santísimo:
“Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura.”62 Diez codos en nuestras medidas serían 5 metros. Entonces, Salomón mandó a poner dos querubines de madera de 5 metros de alto en el lugar santísimo. ¡5 metros de alto! No solo le puso imágenes al templo de Dios, sino que las hizo de 5 metros de alto. Qué increíble. El rey sabio puso imágenes en el templo santo de Dios en el cual Dios le dijo que “Con relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre; y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.”63
Pero no se quedó ahí: en el capítulo siguiente, 1 Reyes 7:29 nos dice:
“y sobre aquellos tableros que estaban entre las molduras, había figuras de leones, de bueyes y de querubines; y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de bajo relieve.” También había figuras de leones, de bueyes y de querubines. Pero imagínense: para el que cree que todas las imágenes son malas, Salomón había hecho una monstruosidad. Un templo que se suponía era para Dios y en el que Dios iba a hablar al pueblo de Israel, Salomón lo lleno de imágenes (que para muchos no católicos serían ídolos, como lo eran para mí antes). La verdad que yo ya sabía como reaccionaba Dios frente a los ídolos. Hay un pasaje que habla muy bien de eso:
1 Samuel 5:1-4
“Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod.
Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.
Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar.
Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído de postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón, y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente.”
En este pasaje de Samuel, cuando pusieron el arca del Pacto frente a un ídolo, se derrumbó el ídolo frente al arca de Jehová. A la presencia de Dios no se iba a resistir el ídolo, ni la mentira que tenían allí. Bueno, entonces me parece que si lo que Salomón había puesto en el templo eran ídolos, Dios los iba a destruir. Eso era si Dios piensa que todas las imágenes son ídolos. Y nos podemos preguntar:
¿Qué ocurriría si va un pentecostal o un evangélico y un católico al templo de Salomón?
¿Entraría el evangélico o protestante si cree que todas las imágenes son ídolos? ¿Entraría o no entraría? Hasta el momento varias personas me han dicho que no entrarían. Incluso personas a quienes amo con toda el alma y por quienes ruego día y noche y las llevo en el corazón. Le pregunto a usted, que está leyendo este humilde testimonio. ¿Entraría a un templo con todas esas imágenes o no entraría? Porque de lo que estamos seguros es que si un católico ve un templo con todas esas imágenes entraría sin problemas. Los católicos están acostumbrados a tener imágenes en sus templos. Pero, ¿y los no católicos?
Bueno, cambiemos la pregunta: Y Dios, ¿entraría al templo y le gustaría, o no entraría? ¿Qué creen? ¿Entraría o no? Veamos.
1 Reyes 8:10-11
“Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.”
¡Qué tremendo! Dios, cuando estaba listo el templo, lleno de su santa y preciosísima presencia el templo. Tanto y tanto que los sacerdotes tuvieron que dejar lo que estaban haciendo porque la nube de Dios había llenado el lugar. Dios no tuvo problemas con ninguna de las imágenes que habían allí, porque Dios lo que prohíbe son ídolos y no todas las imágenes. Es por esa razón que los católicos tienen imágenes, pero no están pensando que esas imágenes sean dioses ni que les puedan responder ni hacer nada por ellos. Y mucho menos las adoran.
Y qué hay de postrarse ante las imágenes
Para poder juzgar a un católico que conoce su fe, tiene uno primero que saber el porqué hace las cosas. --- Es como dos padres que le pegan a sus hijos. Les pegan de la misma forma. Vas a donde uno y le preguntas “¿por qué le pegas a tu hijo?” Y te responde “Porque me gusta.” Y entonces ves a otro… vas entonces a decirle que deje de abusar con el niño sólo porque le guste pegarle y te contesta “Yo no le estoy pegando porque me guste. Lo estoy corrigiendo para que en el futuro sea un hombre de bien; para que aprenda a hacer las cosas bien y no tengan que corregirlo luego en la cárcel.” ¿Qué pasó ahí? Dos padres, haciendo exactamente lo mismo, pero con dos propósitos diferentes. Uno maquiavélico. El otro, paternal y responsable. Así es la diferencia entre un adorador de imágenes y un católico que hace alguna reverencia o venera la imagen de Cristo o de algún santo.
Me explico: Cuando los católicos se postran ante una imagen de Jesús, no lo hacen porque quieran honrar a la imagen. La imagen nada es, excepto un mero recuerdo de alguien. Es lo mismo que algún retrato, dibujo, etc. de alguna persona a la que amamos y respetamos.
Me decía un amigo muy querido que en una ocasión vio la foto de sus hijos. Sus hijos no viven con él. Cuando vio la foto de sus hijos comenzó a pensar en ellos y le dio un beso a la foto. Claro, el propósito de él no era besar un pedazo de papel fotográfico, sino besar a sus niños. Pero, como no los tenía cerca, hizo eso por el cariño y el amor que les tenía.
Me parecería ilógico que alguien le dijera a mi amigo que estaba adorando a la foto y que era un idólatra sólo porque expresó su amor a sus niños, quienes no estaban físicamente con él en ese momento. Y, la verdad es que los católicos, cuando miramos alguna imagen de Jesucristo y nos postramos delante de ella, queremos hacer lo mismo que hizo mi amigo. No rendirle homenaje a la imagen en sí misma, sino a Jesucristo, nuestro Salvador, Señor, y nuestro mejor amigo. A Jesucristo que está a la derecha del Padre intercediendo día y noche por nosotros.64 Una prueba de arrodillarse en frente de un artefacto que tenga imágenes se encuentra en Josué 7:6 donde dice:
“Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y todos los ancianos de Israel”
Fíjense que Josué se postró delante del arca de Jehová, en el cual estaban los 2 querubines de oro macizo que hablaba en Éxodo 25:18. Claro, todos sabemos que el propósito de ellos era postrarse ante Dios. Pero fíjense que aunque su propósito era postrarse ante Dios, hicieron eso pero utilizaron el arca como un punto de referencia. Y Dios sabía que ellos no estaban adorando a los dos querubines que estaban en el arca. También sabía que ellos tampoco estaban adorando el arca, sino que se estaban postrando ante Dios. Es exactamente lo mismo que ocurre cuando una persona se postra delante de una imagen de Jesucristo. No es que pensemos que la imagen es Dios. Sino que nos queremos postrar ante Jesucristo, nuestro Dios y Salvador65. Y claro que Dios conoce nuestro propósito. Y cuando un católico que conoce su fe se postra ante una imagen, se postra de la misma forma en que se postró Josué ante el arca. Reconociendo que la imagen no es Cristo, sino para que le sirva de punto de referencia en su adoración a Dios.
Claro que esto no se hace en iglesias pentecostales, pero como hemos explicado hasta ahora, no es porque Dios lo prohíba sino que es el resultado de las costumbres y tradiciones pentecostales que le han enseñado así a mis hermanos pentecostales.
La mirada de Jesús
Pude comprender esto mejor unos meses luego de que comencé a buscar a Dios en la Santa Iglesia Católica. Estaba en un taller de jóvenes titulado “La Mirada de Jesús”66. Al final del taller, nos invitaron a que nos acercáramos al frente y que nos quedáramos frente a un cuadro con un dibujo de Jesús (uno que se usó como referencia durante el taller). Y yo me postré en ese lugar, no porque fuera a adorar un dibujo, sino porque quería adorar a mi Salvador Jesucristo y quería estar con él unos momentos. Y mientras hablaba con Jesús, en ocasiones miraba el dibujo que presentaba a Jesús como si nos estuviera mirando. Y ese dibujo me ayudó a pensar en la mirada de amor infinito que Jesús tiene para nosotros. Una mirada que nos dice “Te amo”. Una mirada que nos invita a dejar nuestro pasado atrás. A echar toda nuestra carga sobre él y descansar en él (Mateo 11:28-30). Y ese dibujo me ayudó en ese momento a meditar en Jesús y a estar en comunión con él.
Luego de salir del taller, y en todo momento sigo adorando a Jesucristo mi Señor y mi Salvador. Al mismo Jesucristo a quien le serví y a quien adoré mientras fui pentecostal; y a quien le sigo sirviendo y adorando ahora. Y a quien serviré por siempre, por su gracia y misericordia que obran en mí. Y les comento esto porque si para mi aquel dibujo se hubiera convertido en mi dios, en vez de ser mi Dios el único Dios verdadero. Entonces yo estaría buscando ese dibujo para orar en todo momento. O le oraría al dibujo en vez de a mi Cristo. Pero eso no es así. Luego de salir de aquel lugar, nunca he necesitado ni del dibujo, ni del recuerdo del dibujo para orar, pues mi Dios no es el dibujo sino el Dios que es omnipresente, omnisciente y omnipotente. Aquel dibujo solo me ayudó a estar en comunión y a concentrarme en mi oración con Jesucristo en aquel momento.
Y puede que hayan personas que les guste tener alguna imagen de Jesús en específico porque les ayuda a orar y a meditar en él, y eso tampoco quiere decir que tienen un ídolo, sino que igual que yo, les ayuda a meditar en Jesús.
Sobre ese punto le he preguntado a varios católicos para comprobarlo y todos me han dicho que no necesitan ninguna foto o imagen para orar. Sí me dicen que les ayudan a estar en comunión y a meditar en su Señor, pero que siempre le oran a Dios y no necesitan de esa imagen. Esto nos comprueba que para los católicos las imágenes son solo una ayuda para concentrarse más en Dios, o para meditar en la vida de alguna persona que vivió santamente y entregada a Dios toda su vida, y para seguir su ejemplo.
Y qué de las imágenes de los santos
Aunque para un hermano no-católico es bastante difícil aceptar que una persona le pida a otra persona que no sea Dios, para nosotros los católicos es bastante sencillo. Se trata de que para algunos no-católicos las personas luego de morir están inconscientes y no nos pueden escuchar ni saber nada de este mundo.
Si eres un hermano no-católico, me imagino que pensarás que sólo podemos orar a Dios Padre, por medio de nuestro Señor Jesucristo o, que al menos piensas que solo podemos pedirle al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Lo más seguro es que pienses así porque en 1 de Timoteo 2:5 dice “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,”. Pero no solamente por eso, porque es posible que hayas leído en Eclesiastés 9:5-6 “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.” … relevación progresiva… Apocalipsis 5:8; 6:9; 8:4; parábola del rico y Lázaro; “de cierto de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”, etc.;
Maldito el varón que confíe en el hombre...
Hablaron sobre la Confesión. Mencionaron que algunos dicen que ¿por qué los católicos se confiesan con los sacerdotes si ellos son hombres pecadores igual que las personas a las que confiesan? Y dicen que la Biblia dice en Jeremías 17:5 “maldito el varón que confíe en el hombre...” y dicen que por eso no se puede confesar uno a través de un sacerdote sino sólo directo con Dios. Bueno, me enteré que la Biblia no dice que el hombre que confía en otro hombre es maldito... No crean que estoy en contra de la Biblia. Yo creo lo que dice la Biblia. Pero el verso completo dice “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” Así que el confiar en otra persona no es lo malo. Lo malo es confiar en otra persona y apartarse de Dios. Pero, por experiencia propia y por la de otras personas, las personas que van a confesarse no quieren apartarse de Dios sino acercarse a Dios. Pero hablaron también sobre lo que ya yo sabía. Que el mismo Jesús les había dicho a sus apóstoles “recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.”67. Y claro que remitir es lo mismo que perdonar. Ya yo sabía y le había dicho a mi amigo Rey que yo no tenía nada en contra de la confesión porque la misma Biblia lo establecía. Y en uno de los días de la charla, lo dijeron. Claro que cuando Dios les dio esa autoridad a los apóstoles era para que la usaran, no para que no sirviera de nada, pues Dios es un Dios de propósitos. Y en la misma Biblia, en los Hechos habla que “y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos” (Hechos 19:18). Y luego vino la pregunta: ¿cuál era la necesidad de ir a confesarse a los apóstoles si lo podían hacer directo con Dios? Pues porque Jesús mismo les había dado la autoridad de hacerlo.
Mateo escribe sobre un suceso68 en el que Jesús le dice a un paralítico “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”69. En ese momento “algunos de los escribas70 decían dentro de sí: Este blasfema”71. Y entonces Jesús les preguntó que qué era más fácil: si decirle a un hombre “tus pecados de son perdonados” o decir “Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa”. Y Jesús hizo el milagro y lo sanó. Luego escribe Mateo, dirigido por el Espíritu Santo “y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres.” Qué tremendo. Fíjate que Mateo no escribe “que había dado tal potestad a Jesús” sino “a los hombres”. Es muy probable que Mateo, que escribió su Evangelio más de 30 años luego de la muerte de Jesús72 se estaba refiriendo no tan solo a Jesús, sino también a los apóstoles, a quien Jesucristo le había dado la potestad de perdonar los pecados (Juan 20:22-23). Sino, ¿por qué iba a decir “a los hombres” en vez de a Jesús? Mateo, quien era uno de los doce, sabía que Dios le dio esa potestad “a los hombres” y, en la Iglesia Católica hacían como la gente sencilla del pueblo: se maravillan y glorifican a Dios que ha dado tal poder a los hombres73.
De vuelta a Mateo 23:9
A pesar de que estaba escuchando muchas cosas interesantes, me tocó escuchar acerca del verso que una vez le había dado a mi hermano Rey para que lo verificara con el fin de que se alejara de la Iglesia Católica. Mateo 23:9 “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” Y comenzaron a decir que ese verso no prohíbe realmente que se le llame “padre” al sacerdote. ¿Cómo? Sí. Estaban explicando que cuando Jesús habló en ese momento era acerca de que no le llamaran padre a nadie, estaba hablando más bien acerca del orgullo de los escribas y fariseos y de cómo querían ellos tener el primer lugar en todo y que se les admirara. Y termina el pasaje de Mateo 23:1-12 diciendo que “el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” Entonces viendo el contexto del pasaje vemos que Jesús se está refiriendo a los fariseos y saduceos con su orgullo, y luego le dice a sus discípulos que no caigan en el mismo pecado de querer vanagloriarse y creerse más que los demás.
Además, viendo otros pasajes de la Biblia podemos corroborar que Jesús no se estaba refiriendo a que no podíamos llamar padre a nadie, sino que lo que utilizó Jesús en ese momento fue una “hipérbole”, o sea, una exageración para darle más fuerza a lo que decía. Es como una madre y su niño que le dice “no toques eso”, y vuelve, “no toques eso” y una tercera vez “¡Te he dicho mil veces que no toque eso!” La verdad que no lo había dicho mil veces, lo había dicho solo tres veces, pero utilizó la “hipérbole”. Los versos que se pueden utilizar para corroborar que lo que la Biblia dice no es lo que muchos interpretan como que los católicos están mal son los siguientes:
Hechos 7:2,38-39
En este pasaje tenemos a Esteban, “lleno de gracia y de poder”74, al cual los judíos de diferentes sitios “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.”75 Lo llevaron hasta el concilio y comenzó su defensa así:
“2. Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán,”76.
“38. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos;
39. al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto.”
Esteban, lleno de sabiduría del Espíritu Santo les habló de Jesucristo y lo apedrearon por eso. Sin embargo, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor, pidió a Dios que los perdonara: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.”77 Y, este cristiano que dio su vida por el evangelio seguramente iba a seguir al pie de la letra todo lo que Jesús les había enseñado a sus apóstoles. Y si Jesús hubiera querido decir que no llamaran padre nuestro a nadie, él no lo hubiera hecho. Sin embargo, utilizó la palabra padre y no tuvo ningún problema. Claro, porque el propósito de Jesús no era que lo tomaran al pie de la letra. Sino los apóstoles hubieran tenido el cuidado de enseñárselo bien a sus discípulos, pero no lo hicieron porque no era el propósito de Jesús. De hecho, veamos cómo reacciona el apóstol Pablo a las palabras de Jesús:
Romanos 4:11-12, y 16-17
11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;
12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.
16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.
17 (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son como si fuesen.
Estos cuatro versos en Romanos nos deben dejar claros que Pablo estaba consiente de que usar la palabra padre para referirse a otra persona no era pecado ni pecar contra Jesucristo, ni contra su Palabra. El la usaba con seguridad pues el mandamiento de Mateo 23:9 tiene otro fin que el de prohibirnos terminantemente que no le llamemos padre a nadie en la tierra. Pero, presentemos otro pasaje con tal de presentar mejor el tema. Y aunque la realidad es que hay muchos otros versos, con este próximo debe ser suficiente.
1 Corintios 4:15
“15 porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.” ¿Cómo se está llamando a él mismo? Padre. El padre espiritual de los corintios a quienes Pablo engendró por el evangelio. Otra vez, sabía que Jesucristo no le impedía llamarle padre a nadie literalmente, sino que cuando Jesucristo habló en Mateo 23:9 estaba hablando de una cosa muy diferente a ésta.
Esa es la idea de llamarle padre al sacerdote. Ellos son nuestros padres espirituales quienes nos guían a la verdad de Dios y quienes nos señalan al Padre eterno y celestial para que hagamos su voluntad.
Luego de esta explicación, yo estaba satisfecho con el tema. Con razón que Rey nunca miró el verso que le di.
Al final del curso
Habían pasado 4 días desde que yo había comenzado a ir a las charlas de Martín. Y honestamente que ya me había convencido de algunos puntos sobre lo que creían los católicos. Pero como me quedaban algunas dudas, quise preguntarle a Martín que “¿desde cuando en la Iglesia Católica se practicaba el orar por los difuntos?” Y su respuesta me dejó perplejo. “Los primeros cristianos lo hacían”. ¿Cómo? ¿Los primeros cristianos? Eso lo cambiaba todo. Claro. Los primeros cristianos. ¿Por qué los primeros cristianos hacían la diferencia? Porque en los tiempos de los primeros cristianos, ¿Quién formaba la Iglesia de Cristo? Ellos. Ellos eran los que predicaban la verdad. Ellos eran los que llevaban el mensaje de salvación a todas las naciones. Ellos habían continuado la obra que sus padres espirituales, los apóstoles, le habían encomendado. Y ellos tenían que saber la verdad. Claro que, para llegar a esa conclusión solo tuve que fijarme en el ejemplo de los cristianos de hoy en día desde la siguiente perspectiva:
Cuando somos cristianos y nos criamos en una iglesia, no estamos pensando en que si lo que hace nuestra iglesia está bien delante de Dios o mal. Sino que todo lo que practicamos en nuestros servicios religiosos o cultos nos parece lo correcto. A mí me pareció correcto por muchos años (hasta que comencé a pensar en los diferentes grupos religiosos) que prácticamente todo lo que hacíamos en la iglesia pentecostal era lo que hacían los apóstoles y los cristianos de la Biblia. Yo nunca pensé que hubiera otro culto que el pentecostal. Nunca pensé en nada de eso, sino que todo lo que practicábamos en la Iglesia era lo correcto. Por ejemplo, en mi iglesia pentecostal no bautizaban a los niños, sino que los presentaban. Y para mí eso era lo correcto. Se celebraba la Santa Cena en la cual se nos daba un símbolo del cuerpo de Cristo (un pedazo de pan) y un símbolo de la sangre de Cristo (jugo de uva). Y a mí me parecía correcto. Cuando alguien partía con el Señor, los de mi iglesia iban hasta la funeraria que fuera y hacíamos un culto y cantaban algunos cantos (♪ “Cuando allá se pase lista” es uno de los top 10 para los funerales) y luego el pastor predicaba instando a las personas a que aceptaran a Cristo como su Señor y Salvador personal, antes de que se le hiciera muy tarde (o sea, antes de que la persona en la cajita fuera otro de los que estaban allí reunidos) y eso siempre me pareció lo correcto. Yo nunca cuestioné los fundamentos de mi fe pentecostal los primeros años porque yo pensaba que nosotros predicábamos toda la verdad de Dios y, por lo tanto, todo lo que hacíamos me parecía lo correcto. Ahora, ¿qué pensarían los discípulos de los apóstoles? ¿Qué tenían la verdad? Claro. Tanto como yo, yo estoy segurísimo que Timoteo, Tito, Filemón, Onésimo, Apolos, Clemente (Filipenses 4:3), Lino (2 Timoteo 4:21), Aquila y Priscila, Febe, Silvano, Tercio, Lucas y el fracatán de hermanos que menciona Pablo y Pedro y los demás escritores del Nuevo Testamento no les quedaba duda alguna que lo que creían era la verdad. Y que lo que practicaban era también la verdad. Lo agradable a Dios. Lo que estaba bien a sus ojos.
Entonces, yo sabía que Dios había prometido estar con su Iglesia “hasta el fin del mundo” y que “ni las puertas del Hades podrán contra ella” y que Jesús iba a guiar su Iglesia “hasta la verdad completa”, entonces, no pudo haber desaparecido. Yo sé que los cristianos fueron perseguidos, sí. Pero también lo fueron los apóstoles y no todos se murieron a la vez. Y una vez se moría algún apóstol o algún presbítero de la Iglesia, ¿qué hacían? Lo mismo que ahora, ponían a otro. Así que la Iglesia, que Jesús había establecido para que perdurara hasta que el viniera otra vez por ella, nunca dejó de existir. Sino que perduró a través del tiempo. Y yo pensé: si yo hubiera vivido para el año 150, ¿de qué Iglesia yo hubiera sido? ¿O en el 200? ¿O en el 250? ¿O en el 300? Cuantas Iglesias había en aquella época que están hoy todavía: Una. Una sola Iglesia ha estado desde los apóstoles hasta nosotros. En los años que acabo de mencionar no existía mi iglesia pentecostal… lo siento, pero es la verdad. Si digo otra cosa, miento. La iglesia pentecostal surgió para el año 1900 cuando un grupo de pastores protestantes se reunieron y pensaron que les había ocurrido lo que le ocurrió a los 120 en el aposento alto en Hechos 2. O sea, no había pentecostales en el 1800, ni en el 1700, ni antes.
Les debo agradecer a unas personas que estaban hablando por la emisora de radio pentecostal 96.9fm cuando alguien les preguntó que ¿por qué Scofield no interpretaba algo igual a la iglesia pentecostal? Y le contestaron de una manera muy amable al hombre que hacía la pregunta “Scofield no era pentecostal”, ni lo fue nadie antes del 1900.
Tampoco existían los testigos de Jehová… amigos testigos, lo siento también por ustedes, pero es así. De hecho, no me culpen a mí, culpen a los dirigentes de la organización que no les ha enseñado eso. Y si no me creen, pregúntenle a cualquier anciano de su congregación que le diga los nombres de los testigos de Jehová desde el año 110 al año 1800. No le va a decir el nombre de nadie porque No existían. Los testigos de Jehová se fundaron en el 1876 con Charles Taze Russell, en ese momento conocidos como Estudiantes de la Biblia, y luego fueron cambiando de nombres hasta que ya para luego del 1900 se les llamó Testigos de Jehová.
Mormones… mis amigos mormones. No, tampoco existían mormones antes del 1830 cuando los fundó José Smith. Adventistas… la verdad que de las personas más chéveres que conozco, muchos son adventistas… y tengo unas amistades muy buenas adventistas… y de hecho, me encanta el cuidado que ponen de guardar el sábado. Los cristianos debemos de tomar ejemplo de ellos y guardar el domingo con igual devoción que ellos con el sábado. Pasar tiempo con nuestras familias y dedicarlo solo para Dios. Pero, a pesar de que los amo tanto, tampoco existían adventistas antes del 1863… estoy excluyendo a Miller, que si lo incluyera, entonces no habían antes del 1780. Pero, para los que creen en los escritos de Helena G. de White, desde el 1863 están los adventistas. No habían en el 1700, ni en el 1600, ni en el 1000, ni en el año 200. Y claro, si no estaban en todos esos años, tampoco en el 33 D.C. No se sientan mal. O por lo menos, no me culpen. Yo no fui el que les dijo que se hicieran adventistas… pero sepan que oro por ustedes.
Ni tampoco existía ninguna iglesia protestante antes del 1521. Y la que se separó de la Iglesia Ortodoxa, que es la más que se parece a la Católica y que creen prácticamente lo mismo, fue para el año 1000. Entonces, qué eran todos los cristianos antes del año 1000. ¿En el 800, en el 600, en el 300, 200, 100? Si no eras un hereje, o sea, uno que estaba en el error, entonces eras Católico. Sí, mi hermano. Todos los cristianos que conservaban las enseñanzas de Jesucristo y de los apóstoles y que defendían la fe verdadera eran Católicos.
Quienes fueron los que se reunieron para defender y declarar el dogma de la Trinidad en el Concilio de Nicea en el año 325: Los católicos. Quienes fueron los que se reunieron en los concilios de Roma, Hipona y Cartago en los años 382, 393 y 397 y definieron qué libros iban en la Sagrada Escritura: Los católicos. Quienes, en el 381 en el concilio de Constantinopla declararon la divinidad del Espíritu Santo: La Iglesia Católica.
Que creían los primeros cristianos y el nombre de católicos
Qué creían todos los cristianos en los años 100, 200, 300, y en adelante: lo mismo que la Iglesia Católica. Esto le parecerá extraño a algunas personas, pero les prometo darles más información adelante, acerca de la fe de los primeros cristianos, para que puedan comprobarla. Pero si les digo otra cosa, miento. Tanto así que ya en un escrito de uno de los primeros cristianos que murió mártir en el año 110 aproximadamente, Ignacio de Antioquía, le dio a la Iglesia de Jesucristo el nombre de “la Iglesia Católica” (Parece que los de Antioquía son expertos para ponerle nombres a los que siguen a Jesús- fue en Antioquía que le llamaron por primera vez “cristianos” –Hechos 11:26). Al igual que muchos otros, como otro mártir, Cipriano de Cartago, para el año 252 escribió una carta a un hermano en la fe que se había confirmado en la fe y que estaba en comunión con la “Iglesia Católica”78. Pero, el porqué se usó el nombre de Iglesia Católica nos lo explica un excelente catequista para el año 348, Cirilo de Jerusalén, quien les enseñaba a sus alumnos que cuando les preguntaban que qué eran ellos, les dijeran que eran católicos. ¿Por qué? Decía él, porque había muchos que usaban el nombre de cristianos, sin embargo, no creían en las verdades de Jesús ni de la Iglesia. Por ejemplo, los arrianos, que negaban que Cristo fuera Dios. Los maniqueos que tenían un “rebolú” de creencias que más adelante Agustín, obispo de Hipona, en sus famosas Confesiones, contará muchas de las creencias erradas que tenían los maniqueos de los cuales formó parte hasta que se convirtió al cristianismo. Esa era la razón para llamarse católicos, para no confundirse con los demás que se llamaban cristianos pero que no seguían el Evangelio de Jesucristo. Más aún, la palabra “Católico” significa “Universal” y la Iglesia de Jesucristo llevó el mandato de Jesús lo mejor que pudo. O sea, Id por todo el mundo y predicar este Evangelio a toda criatura. O sea, que la Iglesia se había esparcido por todo el mundo, por lo que “Universal” le caía muy bien. Por eso se llamó Iglesia Católica.79
“Hasta que no tenga razones suficientes…”
Anteriormente había mencionado que yo había hecho un trato conmigo. Como sabía que la iglesia pentecostal tenía algunos errores en sus prácticas y en su fe, había decidido que iba a dejar de ser pentecostal “cuando tuviera razones suficientes para dejar de serlo.” Claro, eso equivalía a que iba a ir a una iglesia donde tuvieran más verdad que la iglesia pentecostal, pues yo no me iba a cambiar de la iglesia pentecostal así porque sí. Yo no quería estar brincando de iglesia en iglesia. Yo sabía que la iglesia pentecostal tenía muchas cosas buenas y yo no iba a dejar esa iglesia en la que me había criado ni en la que había conocido a Jesucristo mi salvador, así porque sí. Para cambiarme de iglesia necesitaba estar seguro de que esa iglesia me iba a ayudar a conocer más a Jesucristo, su Evangelio, la Biblia, etc. Es por esa razón que no me había cambiado para ninguna otra iglesia hasta el momento, porque todavía no había encontrado razones suficientes para cambiarme.
Pero, al final de la semana del curso “Católico Defiende tu fe” ya yo tenía “razones suficientes para dejar de ser pentecostal.” Me había topado con la verdad de frente, y no podía hacer otra cosa que aceptarla. La Iglesia a la que yo siempre quise pertenecer, y de la que yo siempre pensé que fui parte, finalmente la había encontrado de verdad. Yo estaba buscando una iglesia que tuviera más verdad que la pentecostal, y me encontré con más que eso: con una Iglesia que tenía toda la verdad tal como se lo había prometido Jesucristo (Juan 16:13). Estaba buscando una iglesia que entendiera mejor la Biblia, y me tope con la Iglesia que escribió la Biblia, la que reunió sus libros, la que los declaró como Palabra de Dios, la que los conservó durante siglos. Quería buscar una iglesia que entendiera mejor los escritos de Pablo, Pedro, Lucas y Marcos, y me encontré con la Iglesia de la que fueron los fundadores y la que los escuchó predicar, los vio morir, los honró y siguió su ejemplo de dar la vida por Cristo, no importando las dificultades. Me encontré con la Iglesia de la que fueron parte los gloriosos mártires: Ignacio de Antioquía (110 D.C.), Policarpo de Esmirna (156 D.C.), Justino de Roma (165 D.C.) y con él Cariton, Caridad, Euelpisto, Hierax, Paeón, Liberano. En Lyón (177 D.C.) Vecio Epágato, Santos, Maturo, Átalo, Blandina, Bibliada, Potino, Alejandro, Póntico y Alcibíades. Años más tarde Ireneo de Lyón (200 D.C.), Cipriano de Cartago (258), Lorenzo de Roma (258 D.C.) y Sixto II (258 D.C.). Quería conocer los fundamentos de los dogmas que creían los pentecostales y los demás evangélicos sobre la trinidad, y me topé con la Iglesia que recibió la fe verdadera de Jesucristo y los apóstoles, y que defendieron la fe frente a las herejías; y la que formuló los dogmas sobre la trinidad, sobre la deidad de Jesucristo y del Espíritu Santo. La que tenía en sus manos el depósito de la fe que nuestro Señor nos dejó.
Dice la Escritura que Dios nos da “más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”80, y yo lo viví una vez más. Yo le pedí que me guiara a la iglesia que tuviera la verdad y me llevó a la Iglesia que es “columna y baluarte de la verdad” (1 de Timoteo 3:15). A la Iglesia a la que Jesucristo dijo “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21) y a la cual le confió el poder de perdonar los pecados (Juan 20:22-23).
Esa noche del viernes, luego de 4 días de charlas, en aquella capilla en el sector Delgado de Barranca, Arecibo, le comenté a mi amigo Rey “ya… es suficiente esto… soy católico. Si los primeros cristianos lo creían, yo lo creo. Soy católico.” Era evidente que mi camino debía de continuar en la Iglesia Católica. Así que determiné ir a la Iglesia Católica para la próxima misa.
El comienzo
Mi “primer” misa fue muy grata. Digo mi “primer” misa, porque a la que había ido con anterioridad me la había pasado orando por los católicos, como ya mencioné anteriormente. Cuando fui, todo era distinto. Ya cuando vi las imágenes, sabían que eran puramente imágenes, iguales a los querubines en el arca del pacto (Éxodo 25:18), o a la serpiente de bronce (Números 21:8), o a las imágenes en el Templo que Salomón le construyó a Dios y de las cual Dios nunca dijo nada en contra (1 Reyes 6:23; 7:29; y 8:10). Y la pasé de maravilla. El mismo Dios que había adorado toda mi vida en la iglesia Pentecostal, estaba también en la Iglesia Católica, pero ahora la seguridad y el sentimiento de pertenencia era más grande todavía porque no sólo estaba en los brazos del Padre celestial, sino que estaba en la Iglesia de Jesucristo, la que él mismo fundó y a la que él mismo le dio sus bendiciones, y por la que oró. Esa misma Iglesia a la que le prometió que las puertas del Hades no podrían prevalecer contra ella (Mateo 16:18). La misma Iglesia que tenía la encomienda de enseñar la Verdad a todas las naciones y de hacer discípulos “enseñándoles a que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20) y con la que estaría todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). La Iglesia que Pablo la llama “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). La Iglesia que es su Cuerpo, en la cual se glorificará a Dios por siempre “a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.” (Efesio 3:21) La Iglesia que ha guardado “las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2 Tesalonicenses 2:15). La Iglesia de la cual dice la Biblia que si es de Dios no podrá ser destruida (Hechos 5:38-39).
Fue, y sigue siendo una maravilla gigantesca el estar en la Iglesia de Cristo, que es tanto visible como espiritual. Cuando estoy en una misa, sé que estamos celebrando el mismo culto que le celebraron los primeros cristianos a Dios, al igual que los mártires y los santos de Dios a través de los siglos (ver más adelante en el tema de la Eucaristía). Fue (y sigue siendo) maravilloso. Gracias Dios por tu gran misericordia. Gracias por amarme. Gracias por que he podido encontrar a tu Esposa, vestida de blanco, que dice junto con el Espíritu al Señor Jesús “Ven.” “Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:17, 20).
Pero si ese muchacho es pentecostal
Cuando llegó la parte de la consagración del pan y del vino, el sacerdote que estaba presidiendo, P. Alberto, me vio arrodillado como todos los demás y de momento su mente se quedó en blanco. El pensó “pero si ese muchacho es pentecostal, ¿qué hace ahí arrodillado?” De pronto se da cuenta de lo que está haciendo y continúa con la liturgia (el culto católico). Tal vez lo hizo porque de momento no podía creer que el pentecostal de toda la vida estuviera arrodillado ante Jesucristo en la Sacratísima Eucaristía.
Mi amiga testigo de Jehová…
Tengo una amiga que trabajó conmigo en una pizzería por 4 años. Cuando yo llegué a la pizzería ella ya llevaba unos 3 años y medio. Ella era testigo de Jehová. Y en esos cuatro años dedicamos cientos de horas a hablar sobre temas religiosos. La verdad que siempre habían puntos en los que no coincidíamos, pues claro, yo era pentecostal y ella testigo de Jehová. Pero un día ella me dijo “Juan Carlos. Si tú eres humilde, cuando escuches la verdad de Dios la vas a aceptar”. Yo le respondí “Eso es lo que quiero.” Pues pasó algún tiempo, quizá un año de yo decirle eso. Y cuando llego a la pizzería, la encuentro y le digo “sabes, te acuerdas de lo que tú me dijiste, que si yo era humilde, cuando escuchara la verdad de Dios la iba a aceptar”. Ella respondió “Sí (como preguntándose qué era lo que yo le iba a decir)”. Entonces yo le di la gran noticia “Pues hice eso y ahora soy católico”. Ella dio una mirada de confusión. “Pero ¿por qué?” me dijo. Yo le respondí que había conocido que esa Iglesia era la que había estado desde Jesucristo en la cual él mismo había cumplido sus palabras y, pues le di un testimonio corto de lo que había sucedido conmigo. Ella todavía es testigo de Jehová, y sigue siendo una gran amiga. Yo ruego a Dios por ella para que Dios la guíe hasta la verdad completa y tengo fe de que algún día nos acompañara a la misa y de que estará predicando casa por casa junto a nosotros en un futuro no muy lejano.
Que bueno Juan Carlos. Ahora podemos…
Noté que el que yo estuviera en la Iglesia Católica, además de ser de gran alegría para mí, también lo era para mis hermanos católicos. Así que decidí llamar a una compañera de la universidad, que yo sabía que era católica, para comentarle este gran suceso. Y cuando le dije, ella me contestó: “Ay, que bueno, Juan Carlos. Ahora podemos…” en ese momento yo comencé a pensar que me iba a decir algo así como ‘ahora podemos rezar el rosario, o ir a alguna procesión’, o algo así. Pero lo que me dijo fue: “ahora podemos ir a bailar y a fiestas…” Y yo me quedé extrañado. Pensé “¿Qué pasó? No era lo que yo esperaba.” Ahora, no es que yo esté en contra de las fiestas o bailes que se hagan sobriamente y sin pecar. Sí, se puede bailar y estar en fiestas sin pecar. Para los católicos no es algo nuevo. Pero hay personas, como quizá yo en algún momento, que pensaba que el mero hecho de bailar era malo, y esto es totalmente erróneo. De hecho, en mi viaje a Méjico (más adelante) nos hicieron una fiesta de bienvenida al sacerdote con el que fui y a mí. Y allí todos, la mayoría personas adultas pero muy niños en el corazón, empezaron a bailar todos canciones de “menudo” y otras. En las canciones románticas que se llegaron a tocar, las parejas bailaron. Y todo el mundo sobrio, tranquilo. No se dijeron malas palabras. Nadie borracho. Todos contentos y alegres, en paz. No veo cual parte de lo que acabo de escribir sea pecado. En la Biblia no dice &

