De delincuente y drogadicto a místico moderno
«Fui motorista y adicto a muchas cosas. Creo que cometí todos los pecados, casi maté a tres personas y estaba muy alejado de la fe, pero Dios, en su gran misericordia, decidió cambiarme», indica Alan Ames, un londinense que sólo pisaba la iglesia para robar en los cepillos.
A los 40 años, aún casado y con dos hijos, seguía su mala vida cuando aseguró escuchar una voz que le dijo: «Dios te ama y quiere tu amor», mas él respondió: «Si Dios existiera, no me amaría porque he sido tan malo que me enviaría al infierno». Entonces, señala, «se me apareció Santa Teresa de Ávila para advertirme de que debía cambiar, tenía que hacer oración».
Pero él prefería «ir a tomar unas cañas», ya que recordaba la «cara triste» de la gente al rezar. La santa abulense «me explicó que esto ocurre porque generalmente ellos están pensando en lo que quieren, en lo que necesitan, se centran en sí mismos antes que en Dios. Cuando rezas tienes que mirar más allá». Así lo hizo. «Comencé a sentir una alegría enorme, estaba en éxtasis». Desde ese momento comenzó a tener muchas revelaciones que volcó en decenas de libros.
Abrir el corazón al orar
Actualmente predica por todo el mundo. En su paso por Madrid en mayo de 2003 en la iglesia de María Reparadora, sorprendió a muchos fieles tradicionales, no acostumbrados a las manifestaciones del Espíritu Santo. La gente pasaba al frente y caía cuando Alan les imponía las manos. Algunas señoras derramaban lágrimas y preguntaban «qué hay que hacer para orar así».
«Las personas están tan ocupadas de sí mismas que cierran sus corazones a Dios. Si Le abrieran el corazón, los llenaría de alegría, les atraería todos los dones, no podrían parar de amar», indicó. Aunque algunos dieron testimonio de haber sido sanados, él afirmó que «la verdadera sanación está en los sacramentos». Con humildad y la mirada de sus ojos celestes, sostuvo que el día que no va a misa le da «morriña».
Así es cómo Alan describe el Cielo: “Qué magnífico entorno, lleno de amor, de paz y de gozo. Soñad el momento más feliz de vuestra vida y multiplicad la felicidad que habéis sentido por un millón de veces. Pues esta comparación es menor que el menor gozo del Cielo. Se está tan rebosante de amor de Dios, que no se conoce otra cosa sino transportes de alegría, una plenitud que no deja de aumentar. Cada alma es un reflejo del amor de Dios y, mientras éstas se miran mutuamente, contemplan el amor divino, lo cual aumenta su arrebato”.
“En el momento en que creéis que tenéis todo la gloria que podéis desear, el Padre os colma todavía más. Os convertís en una luz cada vez más brillante en el amor de Dios. Comprendéis que esto no acabará nunca y no cesará de aumentar, porque el Padre tiene una provisión de amor ilimitada para compartir”.
“Atravesando cada puerta del Cielo, descubrís las maravillas y las alegrías que nunca hubierais podido imaginar. Descubrís que todo el mundo os ama profundamente. A la vez, eleváis cantos de alabanza a Dios, y con ello sois más colmados aún del amor del padre. Todos los santos de los que habéis oído hablar están allí y se ve la pureza de su amor. Se ven los ángeles y los arcángeles y juntos voláis a través de la eternidad, considerando todas las cosas que Dios ha hecho. Se llega a comprender la felicidad que experimentó Dios al crear todas las cosas. Se ven los valles repletos de flores perfumadas y de espíritus que quieren compartir su amor y su felicidad con vosotros. Hay ríos de bellos colores. Las montañas aparecen llenas de luz dorada, que explotan en una cascada de luz, cuyo contacto llena de alegría”.
“Cuando la luz de vuestro espíritu llega al contacto de los que están alrededor, os unís para no ser más que uno con Dios, participáis de todo el amor que ha sido derramado y compartido por todos los hombres y los ángeles. Se participa en todos los instantes de amor que se han producido desde siempre. Entonces, se comprende un poco, lo que es el Cielo.”
Siento defraudar a los defensores de un Cielo aburrido, donde supuestamente estaríamos cantando villancicos alrededor de un noble anciano Dios-Padre, por los siglos de los siglos. Son los mismos que afirman preferir el Infierno, donde se hallarán todos los juerguistas. Allá ellos.
Jesús me dice: “Sólo Yo basto para colmar el corazón humano”. Y tiene razón, porque sólo Él es el Amor.
Tomado del periódico La Razón.


