Llegué a un territorio inmenso y superpoblado, adonde todavía no había llegado la Iglesia. Nadie sabía quién era Jesucristo, y me encontré a mí mismo solo entre miles de personas. No sabía por dónde comenzar. No había nada. Así que empecé a caminar. Caminé por el fango de las calles durante días. Me dejé ver, y esperé a que la gente se preguntara quién era»: así comienza el testimonio de un sacerdote español destinado durante decenas de años en la República Dominicana. Su historia no es muy distinta a la de los miles de misioneros que, un día, dejaron casa, familia y comodidades para vivir en territorios olvidados. Son palabras profundas que encierran una gran soledad, siempre aliviada por el Espíritu.

«Tengo una familia en Micronesia»
Rosario Arberas es Mercedaria misionera de Berriz. Lleva nada más y nada menos que desde el año 1954 en las islas Marianas y Carolinas de la Micronesia, en Oceanía. Éste es su testimonio:
Nuestro Instituto está concentrado en 8 distintas islas. Las Marianas tienen ya tres siglos de cristianismo, la fe aquí está mucho más arraigada, se puede decir que el 95% de sus habitantes son cristianos.
En las Carolinas el primer cristiano fue bautizado hace 100 años. La Iglesia allí ha crecido, y a pesar de que es un pueblo que no es piadoso, sí que es muy fiel.

Yo he estado siempre dedicada a la educación. Al principio, sobre todo, nos dedicábamos a Primaria; ahora, a Secundaria. Nos preocupa mucho la promoción de la mujer porque allí, no es que esté despreciada o maltratada, pero sí que es verdad que no tiene voz. En algunas de nuestras islas, incluso nuestras hermanas indígenas del lugar sufren porque el hombre tiene que estar por encima de ellas, y a pesar de estar bien formadas, y teniendo la autoridad, no pueden casi actuar. El deseo único de la mujer allí es ser madre. Nosotros queremos formarles bien primero, para que puedan comprender y hacer suyos los valores humanos, el respeto a ellas mismas, y que la vida es algo tan sagrado que hay que tratarla con cuidado.
Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos ha intervenido allí porque es un área muy importante, y en este momento están desarrollando su propia economía con asistencia exterior; pero falta formación, faltan ciertos principios…
Puedo decir que he vivido allí 50 años felices, porque son personas muy acogedoras, muy abiertas, solidarias..., y a los misioneros nos consideran tan suyos que puedo decir: Hay una familia que me ha adoptado. Te dicen: «Tú eres nuestra, si caes enferma te cuidaremos…» Es mucho gozo ver que la gente es así, abierta, que no mira las diferencias de raza, etc.
En cuanto a la fe, hay dificultades. Ahora tenemos ya el primer obispo nativo. Es muy difícil tener sacerdotes, porque el celibato no lo acaban de entender allí, pero sin embargo hay cantidad de diáconos casados, con toda la responsabilidad de la Iglesia, llevando las parroquias, y viviendo una vida de matrimonio preciosa, ejemplares en la sociedad.
Nosotras, como religiosas, hemos tenido suerte, porque empezamos con una escuela de Secundaria, y hoy son ellas, las nativas, las que llevan el movimiento de nuestra Congregación. Son ellas las que nos guían, y a nosotras nos toca aprender de ellas su manera de interpretar la fe, que es lo que más puede mover al pueblo, más que algo que les traes del exterior.

(Macao-China)
«No se puede entrar como misionero»


El padre Luis Ruiz, jesuita, fue uno de los misioneros estrella del Congreso.
Ha pasado buena parte de sus 91 años anunciando el Evangelio de Jesucristo y atendiendo a los más pobres en varias provincias chinas. A los 73 años empezó a trabajar en la ayuda a los leprosos; hasta la fecha, ha prestado sus servicios en más de 150 leproserías, y sigue evangelizando y trabajando...



¿Cómo es la situación de los católicos en China?
Varía según la provincia de que se trate. Hay zonas, como los alrededores de Pekín, donde hay un gran miedo a la influencia de la Iglesia católica. De ahí vienen las noticias de apresamientos de cristianos y de obispos. En otras zonas no es preciso organizar celebraciones clandestinas; cada pueblo tiene su iglesia, y he podido verlas repletas de fieles, incluso de noche.

¿Facilitan el trabajo de los misioneros en el país?

Nosotros no podemos entrar como misioneros; lo hacemos como profesores o trabajadores sociales. Cuando me dan el visado para entrar en China, me dicen: «Te lo damos, pero no prediques». A mí sólo me dejan concelebrar. A pesar de todas las dificultades, la Iglesia avanza. Cuando salí de China, había tres millones de fieles. Hoy, el Gobierno da una cifra de diez millones de católicos, contando las dos Iglesias.

¿Cómo viven la fe los cristianos de las zonas más difíciles?

Ellos tienen sus celebraciones de noche o de madrugada, muchas veces en casas particulares. Cuando se infiltra un espía en las celebraciones, suelen coger a algunos hombres y pasan unos días en prisión. Siempre están nerviosos por lo que pueda pasar. Esto también pasa con los sacerdotes; asumen el riesgo y, a veces, los encarcelan durante unos días. Tienen un valor formidable, un gran coraje. Pero esta situación cambiará algún día, con la ayuda del Señor. Lo que no se comprende es la actitud de los países cristianos, que van allí por motivos económicos y no plantean el problema a las autoridades chinas, que interpretan los derechos humanos y la libertad religiosa a su manera.
Nosotros evangelizamos a través del trabajo social, con leprosos, tuberculosos, etc., pero aprovechamos para anunciar el Evangelio con mucha discreción, con catequesis nocturnas. Y esto llega también al personal del Gobierno; al vernos saludar al leproso, darle la mano, se preguntan: «¿Por qué?» Nuestra fórmula es bien sencilla: ayudar, dar esperanza, dar una vida digna. Llega un momento en que hasta el personal del Gobierno nos pide Biblias.
Yo vivo de la fe. Si te paras a pensar si tienes o no dinero, no haces nada. Nosotros decimos: «Dios proveerá»; y Dios provee.

(India)
«Mi vida ha sido un milagro constante»


La Hermana Rosa Porta ha pasado 30 años de su vida en la India (llegó allí en el año 1961). Pertenece a la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, y actualmente reside en Madrid apoyando la animación misionera de grupos de jóvenes. Nos dice:
Mi primera adaptación en la India fue tremenda, porque era un país completamente distinto, con lenguas distintas…, no fue fácil. Luego ya fue muy bonito, porque me fui a la leprosería, y estuve conviviendo con mis enfermos que fueron parte de mi familia. He aprendido de ellos una barbaridad, en todos los sentidos: la tolerancia, la relación entre las religiones (a pesar de los encontronazos entre musulmanes e hindúes), pero aparte de eso el indio es muy acogedor, es respetuoso, muy religioso… Yo digo siempre que la India me ha enseñado a descubrir a Dios. Y a valorar más la figura de Jesús en mi vida. Yo digo siempre: La misión es un milagro constante. Para mi vida también. Mi vida ha sido un milagro constante. Cuando a veces me dicen «¿Cómo puedes creer en Dios?» Yo contesto: «Es que no lo puedo dudar, porque lo he palpado».
Ahora soy considerada non-grata para la India, y no pude volver. Me fui de allí porque estaba enferma y vine a recuperarme a España. Esto es porque nuestra congregación ha trabajado mucho con los adibasis, los primitivos de la India, con quienes se ha hecho una labor de Iglesia muy importante. Los adibasis estaban explotados por todos los medios de allí… Empezamos por escuelitas, y ahora ya hay adibasis con carreras.

(Camerún, África)
«Desarmado por la fe del pobre»


Carlos Collantes es misionero javeriano, y actualmente lleva tres años en España, trabajando en la animación misionera y compartiendo su experiencia cristiana y misionera con su parroquia y su comunidad de origen. Ha pasado más de 10 años en Camerún. Éstas son sus impresiones para Alfa y Omega:

Estuve en Camerún durante 10 años, en una parroquia en la capital, en la periferia urbana, un barrio que fue creciendo desde 7.000 a 50.000 habitantes, en unas condiciones muy duras. Después estuve en otra ciudad, la tercera del país; ahí estaba como responsable de la formación de un grupo de estudiantes camerunenses de Filosofía. Los primeros javerianos camerunenses.
Mi experiencia de fe es una experiencia que se va enriqueciendo, y la gente sencilla nos ayuda a crecer en la propia fe. Hay gente que anuncia el Evangelio con su sencillez y su fe profunda. Una de las cosas que yo he aprendido es la capacidad que tiene la gente sencilla de alabar a Dios, en medio del sufrimiento, de las dificultades; gente que está sufriendo, que a lo mejor está haciendo una comida al día, que te viene a la misión, y que te dice espontáneamente: «Dios es grande», y eso te desarma… Es una experiencia de fe que yo acojo de ellos. El estar en contacto con esta gente que siente a Dios de forma espontánea enriquece mi fe; y, luego, ver también cómo los pobres son capaces de compartir, no todos, claro, porque no se puede generalizar, ni hacer idealismos fáciles, pero dentro de su pobreza comparten con otros que están peor que ellos.
También ha sido muy importante y bonito ver cómo el Evangelio enriquece la solidaridad que ellos mismos viven como un valor muy importante de sus tradiciones locales. La solidaridad es muy fuerte, aunque a veces se queda limitada a la etnia o el clan. El Evangelio ensancha y profundiza esa solidaridad. Yo he vivido en situación pluriétnica. En la capital y desde la parroquia intentábamos responder a esta situación, con una misa en la que utilizábamos 2, 3 lenguas, y luego, como estaba diciendo, veíamos cómo la solidaridad se enriquecía a través de la caridad: la gente ayudaba al otro porque lo necesita, y porque es hermano mío en Jesús. La fe se enriquece allí, y, al volver aquí, compartes ese poso que te ha ido dejando esa experiencia.
La historia más reciente de Argentina, ¿cómo afecta a los católicos en su país? ¿Se da el perdón?
La Iglesia ha hablado siempre del perdón, y ha dicho que una caridad que no perdona no es caridad en plenitud. Por otra parte, nunca ha defendido lo que ha sido injusto o criminal. Lo que pedimos al Señor es que nos permita predicar la reconciliación, que es una virtud de confianza en Dios y también de esfuerzo nuestro. Hay algunas manifestaciones contra la Iglesia que nos hacen sufrir mucho, pero nosotros tenemos que responder predicando el Evangelio.

¿Cómo es la evangelización en Argentina? ¿Siguen dependiendo de misioneros enviados de Europa?

Hay un cierto número de sacerdotes de España y de Italia en nuestro país, pero también tenemos cerca de 500 sacerdotes argentinos misioneros en otras partes del mundo en este momento. La mayor dificultad en Argentina es el clima general de secularización; el pueblo argentino está sometido por los medios de comunicación a una visión del hombre contraria al Evangelio. Son proposiciones inmanentistas y hedonistas. Nosotros trabajamos con la catequización en las parroquias y realizando misiones populares, lo cual es una fuente de gracia pensando en la evangelización ad gentes.
Lo mejor que puede ofrecer un misionero es su fe, su caridad y su esperanza. Por su fe nos abre al misterio de Jesucristo; por su caridad nos da su corazón y su compañía, y tal vez alguna ayuda material; por su esperanza, nos ayuda a caminar y pensar en la vida eterna, porque no podemos dejar de hablar de la eternidad. (Zimbawe)
«Dios quiera
que vuelva
a Zimbawe»


Lola Pérez Carrasquilla es Misionera hija del Calvario. Nacida en Córdoba, ha estado 15 años en Zimbawe. Nos da su testimonio:
Desde el año 82 he estado en Zimbawe. Allí he trabajado en el campo de la sanidad, y me he encontrado con un lugar maravilloso de África que me tiene cautivado el corazón.
Dios quiera que vuelva para quedarme en Zimbawe. Mi experiencia es una experiencia de dolor, de alegrías, de todo… El pueblo africano es un pueblo muy acogedor. Yo me sentí en mi casa, nada más llegar. Estuve trabajando con la tribu tunga, los más pobres del país. Me sentí muy fortalecida por la fe de la gente, aunque no fueran cristianos. Al poquito de llegar allí, me dieron un nombre: muembe, que significa pájaro…, porque soy muy inquieta y me muevo mucho. En la misión, ahora mismo, somos cinco Hermanas: cuatro son africanas, yo soy la única española. Llevo viviendo con ellas 15 años. Los sacerdotes también son africanos; ahora hay uno español, de Segovia.