La experiencia de la soledad revela una verdad fundamental acerca de nosotros mismo: que solos estamos incompletos.
En nuestro crecimiento como gente capaz de amar tenemos que pasar en muchas ocasiones a través del desierto. El Pueblo del Señor estuvo en el desierto durante cuarenta años para probar su fidelidad. De igual manera, yo tuve que pasar casi cuarenta años por el desierto de mi vida, con una soledad impresionante. Aun cuando mi madre y mis hermanos formaban parte de mi familia, la soledad me acompañaba en todo momento y a todos lados; a eso le tengo que añadir la falta de mi padre que llegó a marcar de forma definitoria mi vida convirtiéndome en alguien inseguro en extremo, con miedos que –como niño- no comprendes.
En ese afán de buscar protección y llenar el vacío de mi vida, me acerqué a la persona menos indicada, a aquella que sin el mínimo de conciencia de mi situación se aprovecho de mí. Se aprovechó sin importarle que yo era un niño con una gran necesidad de cariño, con una gran hambre de sentir tan sólo un abrazo, de sentirme seguro, de creer que papá estaba conmigo. Abusando sexualmente me robó la inocencia, la pureza infantil y destrozó mi vida dejándome serios problemas emocionales y físicos.
Y yo sólo buscaba una figura paterna.
Mi adolescencia transcurre con un gran sentimiento de culpa, sintiéndome el más sucio de la humanidad, con la sola idea de que nadie se enterara de mi vergonzoso secreto el cual quería llevarme a la tumba.
Solo, sucio, vacío, devaluado, con adicciones sexuales, día a día se apoderaba paulatinamente de mí un deseo inconsciente de autodestrucción, y una inclinación de atracción física a personas de mi mismo sexo, crecía el deseo homosexual como una forma de llenar esa gran carencia de afecto y amor masculino. Empiezo a vivir y a enrollarme en una vida de práctica homosexual, con todos los riesgos que esto acarrea; llegué al extremo de comprar compañía; y lo más terrible es que esa compañía se componía por tres hombres que (cada uno en diferentes tiempos) se decían amigos míos. De ellos soporté malos tratos, humillaciones, e incluso golpes de uno de ellos; y todo eso lo soporté únicamente para recibir un abrazo, para sentirme protegido.
La verdad era otra, no me sentía ni seguro ni protegido, día con día me sentía más solo y vacío, e iba cayendo en el libertinaje sexual. Toqué fondo cuando rompía con una relación de más de cuatro años.
Fue entonces, cuando me encontraba en el fondo, sumido en la desesperación, el dolor y la soledad que Jesús me tomó de la mano y me levantó, fue entonces cuando a empecé a entender que no estaba solo, cuando –después de haber vivido 15 días de incertidumbre por creerme infectado del VIH y luego saber que no lo estaba- fue entonces que comprendí la misericordia de mi Señor, y de los cuidados que había tenido para conmigo; y de dónde estaba Dios cuando yo estaba inmerso en la vida homosexual: nunca estuve solo. Mi fijación por autodestruirme desapareció, fue el comienzo de mi regreso al Padre.
En definitiva, creo que esta soledad no debe ser simplemente soportada, hay que vivirla como un acceso a la soledad de Cristo Jesús en su muerte que asume todas las soledades humanas y las transforma. En la soledad de la cruz gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”. Si compartimos con Él esta soledad, entonces el velo del templo se rasgará en dos y descubriremos que Dios está en lo más profundo de nuestro ser, dándonos la existencia a cada instante. “Tu estabas más dentro de mí que yo mismo”. Si tomamos nosotros la cruz de la soledad y caminamos con ella, se revelará que la percepción moderna del yo no es verdadera; la verdad más profunda de nosotros mismos es que no estamos solos: en el punto más profundo de mi ser está Dios dándome vida en abundancia.
Por la gracia de Dios conocí a gente tan valiosa en el grupo Courage-México y Volver a Nacer AA. En ellos encontré una luz de esperanza, confiando en Dios y sabiendo que hombre soy y como tal fui creado. El camino es difícil, pero si Dios conmigo, quien contra mí
Tomado de www.courage-latino.org