En esos días yo andaba con crisis de fe con relación a a la presencia real de Jesús Eucaristía. Este asunto no es fácil, si no se tiene la gracia del Espíritu Santo bien presente en el corazón. En esos días ya me estaban empezando a preocupar demasiado. Yo quería creer, de veras yo quería creer, pero no podía. Sabes, tengo mucho de Santo Tomás, “ver para creer”, eso no es muy bueno, eso está para los ateos, imagínate como yo me sentía, súper culpable, encima de que siempre he sido bastante escrupulosa. Como dije antes, esto ya me estaba empezando a preocupar al punto de que me estaba angustiando.
Al fin llegó el día de dejar de pedirle al Señor fe, pues el me iba a responder de la manera más fabulosa e inimaginable. En un Domingo normal en el que yo iba a ir a misa con mis padres se no ocurrió ir a una parroquia que hace muchos años no íbamos. Resulta que nos equivocamos de hora y cuando llegamos se estaba acabando, no era a las 11:00 AM como creíamos era a las 10:00 AM. Pero nada, ahí mismo nos enteramos que iban a dar un pequeño retiro y resulta que eran los Misioneros de Alianza Formativa, (Misioneros de la Palabra de Dios como en aquel momento se llamaban). Venían a darnos un testimonio de conversión de un ex-pastor Pentecostal, el doctor Fernando Casanova, quien en persona nos lo contó junto a Roberto Torres, quien traía el testimonio que iba a cambiar mi vida en adelante, además de anunciar unas charlas de formación sobre nuestra fe católica que iban a dar en fechas posteriores.
Todo esto resultó ser una Dulce Trampa para mí. En fin, para ir al grano, en el receso fui a ver el material formativo que trajeron. En dicho surtido, había una pequeña literatura en hoja suelta que me llamó la atención. Pregunté a Roberto, con quien actualmente gozo de una bonita amistad junto con su esposa Milly, qué es eso y el me dijo que era un testimonio de la Eucaristía y mi corazón hizo “click”, rápidamente le di el donativo para adquirirlo y me retire a leer en el último asiento desde donde se podía apreciar el Sagrario. Comencé a leer con mucha sed de encontrar la fe, pues no quería seguir ofendiendo a mi Señor. No terminaba de leer el texto cuando fuertes lágrimas corrían por mi rostro. Lágrimas de remordimiento, de dolor y culpa, pero también lágrimas de agradecimiento y felicidad, ya que el Señor me dio el gran regalo de poder ver como Santo Tomás pudo ver y tocar las yagas de las manos de Jesucristo así pude ver y tocar esa hermosa foto que me mostraba la prueba indiscutible de ese gran milagro eucarístico. Me le quedé fijamente mirando y observe que El nos regalaba su Sagrado Corazón. Me sentía muy indignada conmigo misma, muy avergonzada con Jesús, no me atrevía a mirar hacia el Sagrario, pero un impulso más fuerte que yo me hizo levantarme de la silla casi corriendo hacia el Sagrario que estaba a la derecha del altar. Llegué y caí de rodillas diciendo, repitiendo muchas veces, ¡ahí estas Jesús!, OH, Señor perdóname por favor, he sido una ingrata…, bueno en fin, tuve una larga plegaria bien escrupulosa con el Señor entre lágrimas y sollozos y cuando por fin pude sentir su perdón, entonces una paz muy profunda inundó mi alma, mi angustia de varias semanas había terminado.
Desde entonces hermanos, no soy la misma. Cada vez que comulgo siento que realmente me alimento de su Cuerpo y Sangre bendita y preciosa, la misma que se derramó hasta la última gota por nuestros pecados hace casi 2.000 años. Es el mismo Jesús que vistió y calzó por las tierras de Jerusalén y que nació en Belén. No dudemos hermanos, así como David Coperfield nos hace creer sus ilusionismos y nos sorprende la magia, aquí tenemos a uno que no es mago es nada más y nada menos que DIOS que es incomparable con nada. El si puede hacer lo que quiera hacer con su cuerpo, con el tiempo y espacio, con todo, porque El es dueño de todo lo creado, El es el CREADOR. No dudemos hermanos por amor a Dios. El se nos da como alimento, porque El es el único que nos puede dar la vida eterna y su Cuerpo y su Sangre es lo único que puede alimentar nuestra alma inmortal. Gracias le doy a Dios por haber conocido el testimonio de Roberto, pues con este testimonio llegaron también nuevos amigos en Cristo. GRACIAS, Señor, de lo más profundo de mi alma. ¡TE AMO! eternamente, Jesús Eucaristía.
Tomado de www.regresoacasa.org
