Leí en una ocasión una historia muy bonita, la cual tenemos colgada en el grupo y que me gusta recordar frecuentemente. En esta historia un creyente le preguntaba a un profesor de religión: ¿Encontraré alguna vez a Dios?, a lo que el profesor le respondió: No, te encontrará Él a ti primero.
Muy parecido fue el caso de esta historia, fue Dios quien encontró al hombre, sin éste haberlo buscado.
La siguiente historia la escuché contar al Vicario Judicial de la Diócesis de Orihuela-Alicante en una de sus homilías. Quizás todos los detalles no son exactos al 100%, pero voy a intentar relatarla tal y como la recuerdo. El Vicario la contó en primera persona, porque le había pasado a él mismo. Contó lo siguiente:
Esta historia ocurrió cuando yo todavía era sacerdote. Un día cualquiera se me acercó un hombre por la calle y entusiasmado me dijo lo siguiente:
- Padre, le tengo que contar una cosa. Una cosa que sólo le puedo contar a Usted, porque sé que si se la cuento a otra persona, se va a reír de mi.
El cura, estupefacto ante las palabras de aquel hombre le preguntó:
- Y bien, ¿de qué se trata eso que sólo me puedes contar a mi?
- Verá Padre, Usted sabe que yo en todo esto de Dios y de la Iglesia…nunca he creído. De hecho nunca me paso por la Iglesia ni nada de nada.
- Sí lo sé, y de sobra.
- Pues mire, es que me pasó una cosa que nunca me hubiera imaginado que me iba a pasar. Y la cuestión, es si se la contara a alguien que no fuera usted me tomaría por loco o yo qué sé y se reiría de mí como mínimo.
- ¿Y qué es?, a ver, cuéntame – el cura ya estaba medio desesperado por saber qué era aquello que le había pasado a aquel pobre ateo y que tanto le entusiasmaba.
- Pues mire, padre, venía yo de viaje en avión, y claro, hicimos una parada en el aeropuerto de Barajas (Madrid). Nos quedamos en la sala de espera esperando a que nos llamasen para coger posteriormente el avión que nos traía aquí a Alicante.
Mientras esperamos comencé a ver una muchedumbre de gente que se dirigía toda entusiasmada hacia un ala del aeropuerto. Yo me preguntaba, ¿qué será?, ¿qué pasará?, y me decidí ir a ver lo que pasaba. Cuando por fin alcancé a la muchedumbre, vi que estaban todos apiñados en torno a algo que mi vista no alcanzaba ver. Pregunté a una muchacha que había allí y me dijo que estaba a punto de bajar la Madre Teresa de Calcuta de un avión.
Claro, yo no creo en estas cosas, pero ¡era la Madre Teresa de Calcuta!, un personaje famoso, ¿me lo iba a perder?, y decidí quedarme a ver aquel evento.
Después de un rato esperando por fin apareció aquella mujer. Me sorprendió porque no era gran cosa: bajita, pequeñita, algo estropeada por los años, encorvada… Ella miraba hacia el suelo con las manos unidas mientras camina entre toda aquella gente. Todos estábamos con los ojos clavados en ella, ¿se lo imagina?
- Sí, continua
- Pues bien, aquella mujer, que camina lentamente, de repente, al pasar a la altura donde yo me encontraba (yo la miraba fijamente, como el resto, atento a no perderme nada) la mujer se paró, de repente levantó la cabeza, me miró y me sonrió. ¿Sabe usted? ¡¡me miró a mi!!, cuando allí había una multitud de gente, y de entre todos me miró a mi, y encima ¡¡me sonrió!!.

El cura se quedó un poco estupefacto, no sabía que tenía de especial todo aquello. Pronto lo entendió. Continuó el hombre hablando cada vez más entusiasmado diciendo..
- Pero, es que, Padre, ahora viene lo mejor. Al posarse la mirada de aquella mujer en mí, sentí de repente un algo por dentro, en mi interior. Padre, ¡sentí a Dios!, ¡¡yo noté a Dios!!, ¿se lo puede creer? ¿yo un hombre ateo sentí a Dios?. Durante toda la tarde y días después sentí una alegría, una paz… algo inexplicable. Padre, le digo ¡¡que sentí la presencia de Dios cuando aquella mujer me miró y me sonrió!! ¿Se lo puede creer? ¿Ve como si no se lo cuento a alguien que no sea Usted nadie me creería y se reirían de mi?
- Pues claro que me lo creo –respondió el cura muy serio- de hecho, mira mi cara, ¿Ves como yo no me río? Te comprendo perfectamente
Aquel día, Dios encontró a este hombre, que si mal no recuerdo era de Elda (Alicante). Una persona que no era creyente sintió a Dios, ¿cómo puede ser esto?
Pero claro, es comprensible 100%. La Madre Teresa de Calcuta irradiaba la Luz de Dios, ella era el reflejo de Dios, porque estaba LLENA DE DIOS. Y es a eso a lo que debemos de aspirar todos, a ser el reflejo de Dios, para que todas las personas (creyentes o no) vean a Dios a través de nosotros/as. Para ello, debemos de estar en unión con Él, debemos de estar cerca de Él. Mantenerle vivo en nosotros y como la Madre Teresa de Calcuta, irradiar su luz.